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Superman: El hombre de acero

por Rebeca Fortul Rebull

“Tú que estás en los cielos, sálvanos Superman”

Homero Simpson

Tengo que aceptar, desde el inicio, que mi gusto por el cine de superhéroes no es el más sobresaliente que tengo, así pues esta opinión acerca de la nueva película de Superman no llega ni a lo subjetivo, es más, creo que entra en lo cínicamente personal, así es que querido lector, no pretenda encontrar aquí una cronología del superhéroe, ni un intento analítico mínimo siquiera de la adaptación de la película con respecto a los comics, o vaya, ya ni siquiera una reflexión ideológica que compare al hombre de acero con el hombre clavado en la cruz, yo fui a ver la película con sincera falta de expectativas, dado mi paupérrimo conocimiento del comic, y no sé si por ello mismo es que me gustó tanto que la iría a ver otra vez, tal vez hasta dos veces más.

Mi gusto por la lectura inició a una edad tardía para los genios y temprana para los analfabetas, confieso esto porque una puerta de entrada a las letras la abrió mi padre. Cuando yo era muy niña para aferrarme a libros con puras letras, mi papá me mostró el camino de los dibujos; con él inició una nada despreciable colección de La Familia Burrón que aún conservo con recelo, también me compraba Capulinitas, y a decir verdad hasta ahí llegaba mi conocimiento de las tiras cómicas. Para mí un superhéroe no representaba nada, me bastaba con una heroína de carne y hueso, o bueno, en su caso más bien puro hueso como Borola Burrón ¿qué acto más maravilloso y heroico que aquel de defender a la vecindad entera del hambre y las injusticias? Sí señor, heroínas de esas ya no quedan. Es así que mi formación de la cultura del comic era, y sigue siendo, muy precaria, pero no por ello me he obstinado en la idea de que los comics son malos, o aburridos, o sólo para tetos sin vida que desbordan sus inseguridades en los poderes de seres especiales; pero tampoco creo, como muchos fieles fanáticos, que sea una rama imprescindible de la literatura moderna, entonces mi gusto por los superhéroes, que no los súper hombres (que de esos sí soy fan), se ha limitado al cine.


Aunque no conozca las historias impresas de cada uno, nunca he podido resistirme a ver hombres guapos vestidos de látex comportándose tan seriamente que al menos creo que ya merecen cierto reconocimiento por la osadía. Superman en especial nunca me causó gracia, primero porque Christopher Reeve ya estaba muy dado al traste cuando a mí me empezaban a gustar los hombres, y luego porque la última película que vi del superhombre me pareció tan simplona y el tipo tan desangelado que ni siquiera recuerdo nada de ella. Sé bien que la gracia de los hombres con poderes extravagantes radica justamente en tener capacidades que un humano no poseería nunca, pero Superman sí se pasa ¿no? Él es casi indestructible, de no ser por la piedrilla esa del mundo de donde vino. Eso me parece aburrido, al menos otro montón de héroes de comic transportados al cine sufren de una que otra carencia más real, el de las arañas sufre porque se desquitan con su familia, Batman no sólo es rico y poderoso, sino que lidia una guerra personal entre lo que es y lo que debe ser, un conflicto existencial muy humano. Wolverine, pobre tipo, no se acuerda de nada y encima ser inmortal ¿qué hizo para merecer semejante castigo? No voy a seguir con la lista de personajes torturados, sólo me limitaré a decir que a Superman, lo más grave que le veo es que tenga que departir con un montón de oficinistas en The Daily Planet, usar lentes de pasta y que con ellos ya nadie lo reconozca y defender a la raza humana a la que él ni siquiera pertenece, fuera de eso, el tipo es indestructible y para acabar con las injusticias, los diálogos que le ponían en las películas viejas eran tan ñoños que es muy difícil recordarlo por algo, ya ni siquiera me voy a meter con la cuestión de tener que usar los calzones encima del pantalón, pues temo que a más de una persona eso le parezca atractivo.


Decía yo entonces que esta vez ingresé a la sala de cine, IMAX y en 3D, con tan poca curiosidad que hasta un poco culpable me sentí de que alguien más me pagara el boleto y las palomitas, pero mi culpa se desvaneció pasados más o menos 20 minutos, cuando vi el máximo poder de Superman: ¡está dolorosamente guapo! Bravo Nolan, una vez más no fallas. Se nota que el productor metió la mano al casting, pues si por algo recuerdo a Christopher Nolan es por el impecable gusto que tiene para elegir a los hombres de sus películas, así como su marcada inclinación por el Reino Unido (Christian Bale, Gary Oldman, Michael Cane, Cillian Murphy, Liam Neeson…) Sí público lector, es esto una frivolidad tan grande como el acto de hacer cine palomero, me gustó la película porque las 2 horas pude ver a semejante manjar vestido de látex, en harapos, sin camisa y vaya, que a este nuevo talento del cine que lo pongan como quieran, es más, si no encuentra la cabina telefónica para cambiarse (detalle pintoresco que no ocurre en la película) yo le presto mi habitación para que se desvista las veces que quiera.

Fuera del principio, que me pareció muy largo, en el que explicaron la razón de mandar a Kal, el hijo de El, a la Tierra, creo que la película empezó a agarrar ritmo cuando con flashbacks vimos cómo Clark empezaba a acostumbrarse a una atmósfera que lo lastimaba, cómo trataba de no responder a las agresiones de sus compañeros en la escuela, cómo el buen Kevin Costner, ya acostumbrado a lidiar con niños como en A perfect world, le enseñaba que a veces hay que dejar que el destino pase sobre nosotros; que por cierto, entre esta película y las remembranzas de A wizard of Oz, creo que están dándole en la madre a la publicidad turística de Kansas, porque se ve que los tornados se ponen feos.

Creo que especialmente me gustó que en esta película Superman no fuera un niño resentido como pintaba el inicio que sería, después de aguantar que todo el mundo lo viera raro; que tampoco mostraran a un hombre de acero sin chispa como ocurrió en Superman returns, pues ahora Henry Cavill creo que logró inyectarle algo de simpatía al personaje, más risueño, menos clavado, ¿ya dije que muy guapo? y sin pretenciones de complicar la historia por medio del carácter del personaje, así, sencillo y con una capa de terciopelo que me parece un poco incómoda, se llevó la película sin mayores broncas. Que sí, que el traje azul y rojo, que la cuestión de que toda la destrucción le pase siempre a Nueva York, que el conflicto ético de preferir a una raza tan inferior como la humana antes que darle la renovación a su propia especie, sí, también eso lo tengo claro, pero no me culpen por mi poca profundidad respecto a esos temas, que seguro alguien que no se distrajo con la boca del hombre de acero podría referir mejor que yo. Lo confesé desde el inicio, este texto no buscaba agotar, es más ni siquiera entrar a temas escabrosos, sino sólo presentar un lado que creo es el que ha jalado a un montón de gente al cine: poca pretención, muchísima destrucción, la extraordinaria belleza de Clark Kent y personajes del cine que resulten familiares: Diane Lane, Russell Crowe, Christopher Meloni, para quien lo extrañe en Law & Order USV como yo, Kevin Costner, Laurence Fishburne y Amy Adams, quien por cierto considero que resultó atinadísima como novia del protagonista, porque ni de chiste podría robarle cámara, lo que creó un efecto kriptoniano en la relación amorosa de la película, porque yo no sé si fueron mis ojos velados por los celos o qué, pero nunca sentí una pizca de emoción al ver a la pareja, bueno, ni con el beso esperado de todas las películas taquilleras, entre tanta destrucción el beso resultó casi una ironía.

Un par de cosas más que me parecieron extrañas fueron, al inicio, cuando nace Kal, tuve una fuerte regresión a Gladiator, y no nada más porque el papá fuera el poderoso guerrero, aquí científico musculoso, sino porque hasta la mamá de Kal tenía cierta estética romana que no supe distinguir si estaba en Roma o en Krypton. También debieron pedirle consejo a Morfeo (Laurence Fishburne) para recrear la matriz en donde producían a los niños en Krypton, porque se parecía mucho al lugar ese de donde vimos salir a Keanu Reeves medio pegosteoso. Y por último, ya sé que dije que las comparaciones históricas no eran lo mío, pero ¿realmente era necesario peinar al malvado General Zod como César? Nunca está de más evidenciar la incapacidad del público para tejer comparaciones históricas, y por si no nos habíamos dado cuenta de lo tirano que es Zod al tratar de apoderarse de la Tierra exterminando sin corazón a los humanos, había que mandarlo con el estilista de Cayo Julio César para que entendiéramos su ansia de poder.

Abriré aquí una zona de no completa inconformidad, pero sí para externar que en las escenas cumbres de golpizas y balacera, hubo un momento en que yo rogaba que Superman y Zod se dieran en la madre donde no hubiera edificios que se partieran a la mitad, y no por un reflejo sentimental de pensar en las vidas humanas que se estaban llevando, sino porque las escenas eran de un escándalo perturbador. Cuando al fin lejos de La ciudad que nunca duerme se agarran a trancazos en el espacio ¡hasta ahí se tuvieron que estrellar de paso en un satélite que andaba rondando! Eso quizá es en parte por mis oídos sensibles, o que la sala realmente mantenía un volumen que me dejó sorda media hora después de salir del cine, pero igual creo que el derroche de explosiones y derrumbes fue un tanto excesivo.

Por último, yo amante del juego de palabras, sonreí con placidez en la escena final, cuando Lois Lane pronuncia un amable: “welcome to the Planet” al extraterrestre de lentes hipsterianos que se presenta a su primer día de trabajo. Y para ser congruente con la parte esencial que he dicho me mantuvo despierta viendo la película entera ¿Quién no le daría la bienvenida a un extraterrestre de ese calibre? Efectivamente, un hombre así no puede ser humano y yo ya puse en mi azotea un cartel que dice: “Bienvenidos atractivos Kryptonenses, este hogar es terrestre, pero estamos abiertos a la evolución de la raza.”

25.06.13

Rebeca Fortul Rebull


Entusiasta de las letras, ferviente creyente del arte y su poder reivindicativo. Seguidora de la realidad a través de la ficción. Directora de sus errores, guionista de sus monólogos y espectadora de la tragedia humana. Ser humano de tiempo completo.....ver perfil
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