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Tradición llena de color: Canícula

por Guadalupe Fernández Escobedo

Llega la etapa más caliente del año a Veracruz, la acompañan el deseo mítico de acercarse a los dioses por medio de una danza y el fuego que emerge de la tierra para encender los hornos de las alfareras. Canícula, es el nombre del documental del mexicano José Álvarez, y es en éste donde se hace el vínculo de los voladores de Zapotal junto al lenguaje de las artesanías mexicanas durante esa época de calor, fiesta y fertilidad.

Una película que carece de explicaciones adicionales por parte de los realizadores. Lo que busca es la naturalidad para acercar al espectador a una comunidad llena de tradiciones de música, de color, de cercanía con la naturaleza. Así, más que mostrar una crítica social se realiza un retrato humano del pueblo totonaca que habla por sí mismo.

El mismo director lo comenta: “La imagen, el audio la locación y los pocos diálogos cubren perfectamente la explicación. Cada uno de los elementos buscan reflejar la parte sensorial y humana” más allá que una estricta explicación histórica o geográfica. De esta manera se trata de mostrar el orgullo de las personas, la manera en la que viven y cómo han logrado a desarrollarse con dos actividades milenarias: la alfarería y la danza del vuelo.

Todo ello se combina con audios fuertes pero cálidos. Musicalmente presenta dos caminos: la vivacidad de la música originaria del poblado y la creación de sonidos por parte del equipo del documental que buscan representar el calor, el lenguaje natural de los sujetos con su trabajo y además melodías que pudieran hacer más intensos ciertos momentos del documental.

El realizador José Álvarez en conferencia de prensa.

Visualmente se destacan las manos de la alfarera mientras mezcla el barro, los pies de un infante que memoriza cada paso sobre tierra para no equivocarse en el aire, unos zapatos de tacón que esperan el movimiento de su pareja. Cotidianidades, como elaborar sus alimentos o conseguir agua, se envuelven en una manera orgánica para dar a conocer una comunidad tan cercana a la capitalina por historia y tradición, pero tan lejana por los propios prejuicios de la civilización urbana.

Canícula ha sido premiada durante el 2012 en el Festival de Toulouse, Francia y en el de la Rivera maya. Por medio de formas alternativas de difusión trata de llegar a las proyecciones locales según menciona Álvarez. “La película ha tenido la posibilidad de ese camino más complejo y no otro con mayor publicidad. Un círculo, quizá menor, pero más efectivo”. Un acercamiento directo con el público para que interese en su propia cultura y en sus propias raíces.

Ante un filme que no presenta dificultades técnicas pero sí estrictas decisiones en la edición, según sus realizadores, se logra llevar otra mirada del pueblo totonaca. Imágenes que se enfocan en la curiosidad de quien observa a un pueblo más allá de datos y discursos oficiales, sino que lo hacen en la parte más cálida de sus habitantes.

Texto cortesía de Ipso Facto.


12.07.13

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