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Los cortos extremos en Guanajuato

Parece que el menú de posibles filmes persuasivos en Guanajuato se pondrá bueno. Aquí una revisión de lo que le puede esperar a quien se entregue a estas golosinas que son los cortometrajes experimentales.

Una de las apuestas más arriesgadas del Festival Internacional de Cine de Guanajuato es la selección dedicada a ese pariente incómodo de los formatos cinematográficos: el cortometraje experimental, obras que por su propia naturaleza están destinadas al olvido de no ser porque festivales les dan cabida a estas expresiones de vanguardia, cuyo principio es renunciar a las convenciones narrativas que el mercado ha impuesto. Este año, en Guanajuato se exhibieron 14 filmes de diversas nacionalidades así como de variadas propuestas estilísticas.

Todos y cada uno de estos filmes descubren formas nuevas para hacer cine, pero destacan por su factura Mi cara está en el espacio de Tom Jobbins, con una mixtura de técnicas que van del stop-motion, el ready-made, collage y hasta principio del praxinoscopio, que además habla sobre el ensimismamiento de la trasendencia del ser y su consecuente egotismo, una falla de enfoque, una ceguera, pues en realidad, quizá, esa realización se encuentre en otra parte, depositada en una persona, aunque demasiado tarde para darnos cuenta de ello.

Por otro lado, el cortometraje sádico-quirúrgico de origen italiano Da Vinci nos conduce hasta las entrañas de un alguien que es sometido a una operación/extirpación-tumor, desde un robot de tres brazos manipulado por una doctora a la distancia. Su director, Yuri Ancarani, tiene la delicadeza de trocar el rojo encendido de la sangre por un poético azul. Esta obra, aunque parece más un sofisticado comercial de dicha máquina que lleva por nombre Da Vinci, justamente la calidad de la fotografía, el montaje frenético, la musicalización oscura, nos recuerda, además de la obvia referencia a la odisea clínico-corporal que fue el Viaje fantástico (Fleischer, 1966), a ese monstruoso documental llamado Leviatán (Castaing-Taylor y Paravel, 2012), que no se puede dejar de hermanarlo.


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Cabe mencionar el ocurrente experimento del belga Nicolas Provost, que adentrándose en Tokyo se dispuso a filmar a la gente de forma aleatoria, para después armar una historia de intriga y persecución a base de puro montaje, echando mano del doblaje y musicalización ad hoc. Asimismo, llama la atención el breve, microcósmico filme Historia semilla de William D. Caballero, cuyos protagonistas serán diminutas figurillas a la Christopher Boffoli representando un escenario distópico sobre temas críticos de las sociedades contemporáneas, como la debacle ecológica, la religión y los estertores del capitalismo.

Nota: Esta misma selección se reprogramará para los días en el que el GIFF se encuentre en la capital guanajuatense. Imperdible.


21.07.13

Mr. FILME


@FilmeMagazine
La letra encarnada de la esencia de F.I.L.M.E., y en ocasiones, el capataz del consejo editorial.....ver perfil
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