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Before Midnight

El ocaso de una relación.

por Mariana Dávila Moreno

 

La reciente entrega de Richard Linklater (Waking Life, 2001; A Scaner Darkly, 2006) es el cierre perfecto de una trilogía que desde hace dos décadas cautivó a los espectadores con la historia de amor entre Jesse (Ethan Hawke), un americano de paso por Europa, y Celine (Julie Delpy), la chica francesa que decide bajarse del tren en Viena con él.

Como las dos películas que preceden esta historia, Antes de la medianoche (Before Midnight 2013) se sostiene con diálogos profundos. A su vez logra mantener tal conexión entre la pareja, que hace sentir al espectador que, más allá de tratarse de dos personajes encarnando un papel, éste tiene ante la pantalla a un par de individuos reales que no saben que están siendo filmados. Nuevamente Delpy y Hawke nos entregan una actuación magistral, la cual se refleja en la forma en la que se apropian del guión que también ayudaron a construir.

A pesar de conservar la magia y el mismo ritmo de sus filmes pasados, éste resulta más maduro y verosímil. A diferencia de Antes del Amanecer (Before Sunrise, 1995) que versa sobre los sueños adolescentes y el amor platónico, y Antes del Anochecer (Before Sunset, 2004) que trata sobre reencuentros y segundas oportunidades, Antes de la medianoche expone la erosión del tiempo sobre las relaciones, el desencanto y la fragilidad de las vínculos humanos.

 

La cinta abre con la escena de Jesse despidiendo a su hijo Hank (Seamos Davey-Fitzpatrick) en el aeropuerto de Grecia. El joven, nos enteramos a los pocos minutos, vive en Chicago con su madre, la ex esposa de Jesse a quien éste dejó por Céline después de aquella idílica reunión en París. Lo que viene a continuación es un recorrido en coche que prácticamente resume la historia de los últimos nueve años de la vida de ambos: la decisión de Jesse de no tomar el avión de regreso a casa y la resolución de quedarse a vivir en París tras el nacimiento de sus hijas gemelas (Jennifer y Charlotte Prior). Es también en este primer acercamiento donde se perciben los roces que a medida que avance el día irán sacando a relucir viejos fantasmas y resentimientos entre los personajes.

Antes de presenciar el declive de una relación que pide a gritos ser replanteada, Linklater y su co-guionista Kim Krizan, introducen a nuevos interlocutores entre los que destaca Patrick (Walter Lassally), un escritor reconocido quien invita a Jesse y Céline a vacacionar en el Peloponeso. Todos ellos nos entregan una reflexión existencialista sobre el amor y el paso del tiempo, sobre la muerte y la pérdida, sobre los roles de género y la deshumanización de las relaciones actuales a causa de la tecnología.

Lo que sigue a esa cuestión es lo que vuelve a la película inolvidable: Jesse y Céline se apropian de los lugares que recorren mientras hablan (por primera vez desde hace tiempo), y lo hacen no de las responsabilidades de ser padres, ni del hastío del trabajo, sino de ellos mismos; de quiénes eran cuando se enamoraron y en qué personas se han convertido, mientras en el aire flotan preguntas que ninguno se atreve a enunciar, ¿todavía nos entendemos?, ¿aún nos deseamos?, ¿seguimos amándonos?

 

A medida que cae la noche el peso de la compañía de ambos se vuelve intolerable y lo que prometía ser una velada romántica se torna en una hiriente confrontación donde ambos culpan al otro de sus fracasos. Jesse le recrimina a Céline el no quererse mudar a Estados Unidos para que él pueda pasar más tiempo con Hank. Ella, por su parte, le confiesa que se siente atrapada en el rol que éste le ha otorgado y que no le ha permitido realizar sus sueños al máximo. Al final del día, para el pesar de los dos, la mujer que se encuentra en ese cuarto de hotel no es la musa sobre la que él escribió, ni él continúa siendo el hombre del que ella se enamoró en Viena. Pero a diferencia de otras películas que abordan temas similares como Revolutionary Road (2008) de Sam Mendes o Blue Valentine (2010) de Derek Cianfrance, Linklater no le regala a la audiencia la resolución de un desenlace sino que, como lo hizo en el pasado, traza un mundo de posibilidades para que cada quien construya su propio final.

A nivel técnico, el filme se caracteriza por la larga duración de sus planos, los cuales son un acierto pues confieren fuerza a los diálogos y ayudan a crear una mayor tensión entre los actores.  Por su parte, el director de fotografía, Christos Voudouris, enfatiza de manera sutil el esteticismo de los paisajes griegos. Sin embargo, bajo el lente del director de Me and Orson Welles (2008) el escenario poco importa: Viena, París y Mesenia son sólo los pretextos de locación para contar una historia, en la que la acción y la verdadera belleza transcurre no en el entorno seleccionado, sino en las palabras con las que los personajes lo adornan. Antes de la medianoche no decepcionará a los seguidores de la trilogía.  Jesse y Céline continúan siendo más entrañables que nunca y, sin duda, constituyen una pareja que dejará en la historia del cine huellas mucho más memorables que otras.

 

06.08.13



Mariana Dávila Moreno


@manzanita_zeta
Biodegradable, comunicóloga, cafeinómana, escritora, periodista en formación. Amante de las bellas artes, las tardes lluviosas y las enfrijoladas sin pollo. En búsqueda de realidades inusitadas.....ver perfil
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