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Depositarios

 

por Trajano Hernández

El cuerpo que está encerrado en una cápsula, se contrae y convulsiona con violencia, se encuentra sano, nuevo, puro; acaba de despertar y ni siquiera ha abierto los ojos. No acepta la morfina que se inyecta en su catéter. Lo médicos están tratando de revivir al mismo cuerpo que se encuentra, paralelamente, en una sala de hospital con balazos múltiples en la caja torácica. Está enfermo, decadente, vulnerable. Su corazón no responde ante los choques eléctricos y el que está encapsulado, muere –sin haber nacido- escupiendo negrura de su vientre. El depositario no respondió.

Depositarios (2010) la cual tiene estreno en 2013 enfatiza el complejo humano de querer perdurar en el tiempo por más de una vez –contrario a Dios que es omnipresente y a Jesús que resucitó en una ocasión-. El director y escritor, Rodrigo Ordóñez nos invita a la reflexión del deseo de perpetuidad en lo que, por cierto, es tan sutil y frágil como el cuerpo. Amén que sólo exista un director Ordóñez.

La película inicia en un 1976 bastante noventero –con camiones de moderna estética y camisas que se obtuvieron de una policía municipal hace menos de tres meses – donde México y específicamente la policía de caminos es la responsable de descubrir lo que será un invento visionario de la unión de un ser humano con su doble genéticamente idéntico, pero carentes de lo que los idealistas llamarían “alma”.

                

En tres historias conjuntas, las de una periodista con sex appeal y que tiene una actitud de modelo de revista, con una libreta y grabadora en mano, Paola Núñez -Deseo (2013)-; a su vez están Humberto Busto -Los héroes del Norte (2010)- junto a César Ramos -Trade (2007)- que están inmersos en el robo de una depositaria para tratar de otorgarle "vida".

Para la triada del drama mexicano, que es también un muy buen logrado thriller de ciencia ficción, la completa Gustavo Sánchez Parra -Amores Perros (2002)- que está por ser padre primerizo de dos niñas dentro del abdomen de su esposa, pero una de ellas es una depositaria, inútil y fragmentada semi-humana.

La personaje principal (Alejandra Ambrosi) es sólo el conducto de lo que sería una historia de desamor y de deseo con una plataforma futurista como escenario; ya se ha contado eso en Matrix (1999), Blade Runner (1982) o The fifth element (1997) donde el argumento principal -el amor imposible entre un ser distinto al humano y el tabú de hacer lo dicho- se disipa con una teoría de negocios turbios y el poder de la política en el futuro tecnológico no distante.

¿Qué hace distinta a Depositarios de cualquier filme de estimulación genética y del eterno cuestionamiento de la reproducción de humanos? Además del lugar que cruza el Ecuador y de los actores pulcros en su presentación (sin exageraciones verbales ni exposiciones sexuales explícitas) es la honestidad en la producción sin recaer en los clichés neoyorkinos, así como una identidad establecida en próximos filmes de índole científica.

Me refiero entonces a que las producciones mexicanas ya han alcanzado un punto de identidad y unificación considerable, donde el respeto en las salas de cine se da por la ausencia de risas y de la espera por la presentación de un filme que promete, sin dudarlo,  e invita a la creación de trabajos semejantes. El cine mexicano del sci fi ha nacido pues, sin abrir los ojos, como sus depositarios.  

 

26.09.13

 

Trajano Hernández Luna


@trxhdz
Estudiante en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM. Conductor de Radio Reacción, estación radiofónica por internet. Fotógrafo practicante y escritor ocasional. Baterista esporádico. Lector recurrente. Amante d....ver perfil
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