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La postura del hijo

La cultura del bloqueador solar

 

por Verónica Mondragón

 

Aspirinas, antisépticos, champús para el cuerpo, el pelo, la barba y condones saturan el cajón de Baru (Bogdan Dumitrache), cuya edad es directamente proporcional a la dependencia de su madre hacia él, la elegante, influyente y posesiva Cornelia Kerenes (Luminita Gheorghiu), La postura del hijo apunta otra estrella al cine rumano actual, esta vez a cargo del realizador Calin Peter Netzer: un drama sobre la relación de una agobiante madre con el hijo a la mitad de sus 30. Ambos reiteran el confort de la clase alta, de las exclusivas obras de teatro, y los elegantes timbres del celular: todo está a la mano, cerquita. Para todo hay medicinas. Todo tiene cura.

Menos el perverso-asfixiante amor de una mamá adinerada que puede resolver todo. Cornelia está lista para evadir la justicia local –rural– cuando su hijo (ex patinador artístico, obsesivo de la limpieza y de las jeringas) atropella a otro de 11 años, que por no fijarse no libró la camioneta que iba a exceso de velocidad. Y se murió.

Hay razón para creer que nuestros amados tiempos nos ofrecen la posibilidad de resolverlo todo. Si el dinero puede, las medicinas pueden, la sobreprotección, lo mismo, nada por encima de la luchadora incansable Cornelia. La invasión y los excesos de la mamá ponen a Baru contra las cuerdas del amor de una frondosa mujer (al más puro estilo de las renacentistas que exhiben un solo seno que alimenta y nutre a los niños y a Dios).

La sofisticada mujer debe abandonar un espectáculo de teatro-opereta para, quizá, nuevos ricos, e ir al rescate del culpable de homicidio imprudencial. Uno por sus hijos hacelo que sea: todo al alcance de la bolsa de mano, la chequera, los sobornos, quiere frenar las demandas, quitar los cargos y lograr el perdón de los, otros, padres.

Pero la postmenopaúsica señora no sabe que al pasivo Baru ya le urgen dos metros cuadrados de espacio privado, tener su propio cuarto o no llegar a dormir el viernes de fiesta y quitarle las llaves de su casa. Cornelia trastoca los espacios, las vivencias, la vida sexual del treintañero inactivo: descubre vía la nuera las obsesiones y carencias de su crío, los temores de la madre.

Una dulce crítica de la vida rumana de la cimentada segunda década del siglo XXI, la insistencia por repetir patrones que pertenecen a la vida privada dentro de un entorno que responde a la vida de hoy, del estrés de portar siempre celular, cartera y llaves, de las decenas de medicinas y de no olvidar el bloqueador solar.

 

 

Rumania frente al espejo

 

por Cuauhtémoc Pérez-Medrano

 

Ein Dröhnen:

Ein Dröhnen: es ist

die Wahrheit selbst

unter die Menschen

getreten,

mitten ins

Metapherngestöber.

Paul Celan

 

Câlin Peter Netzer comenzó a tener una proyección mayor en las esferas fílmicas del mundo al ganar el Oso de Oro de la Berlinale de este año. Si bien con María (2003) había sido galardonado en el  Festival de Locarno, y  con Medalia de onoare (Medalla de honor, 2010) había ganado el premio del publico en Torino, no es sino hasta con su película Poziția copilului (La postura del hijo, 2013) que Netzer se dispara como una gran promesa del cine internacional. Y es que ganar la Berlinale no es poca cosa, si se recuerda que en la competencia alemana se encontraban películas como Pardé (2013) del iraní Jafar Panahi y Paradies: Hoffnung (2013) del austriaco Ulrich Seidl.

En La postura del hijo, Peter Netzer nos presenta una ficción que se basa en la historia de una familia rumana, acaudalada de dinero y poder, la madre Cornelia Kerenes (Luminita Gheorghiu) es el arquetipo de la madre controladora, gallina-cuervo, quien mantiene una relación tensa con su hijo Barbu (Bogdan Dumitrache), quien en su edad adulta demuestra la tensión con su madre, esos lazos invisibles pero existentes a través de su continuo silencio, la irresponsabilidad de sus acciones y su poco compromiso.  En un accidente Burbu arrolla y mata con su auto a un jovencito de una familia no tan favorecida económicamente. La situación límite del junior hace evidente las diferencias económicas y sociales, la corrupción y el tráfico de influencias, la responsabilidad jurídica se debate con la responsabilidad moral, pero sobre todo hace clara la sobreprotección y el control de la madre sobre el hijo.

En general, la historia que narra Netzer no es del todo desconocida para lugares donde la diferencia económica y social es un factor decisivo entre los debates jurídicos y morales; La postura del hijo, no es una historia jamás contada entre la relación madre-hijo, ni siquiera se escapa a la previsibilidad que sugiere la elocuencia de los roles de los personajes arquetípicos, no.

Sin embargo, lo que la hace una película digna de verse (no sé si ganadora de la Berlinale), es su capacidad para fractalizar las poéticas fílmicas y generar una discusión a nivel simbólico y meta simbólico. Y esto lo logra a través de secuencias que exigen la atención en los detalles y la contextualización de la historia personal y común. Los personajes del filme, como lo ha dicho Netzer, nacieron primero como el afán vincular las historias familiares personales. Luego el personaje de la madre tomo mayor solidez, así la postura del hijo se volvió un apéndice de un todo mayor, La postura del hijo es un lugar imaginado  que duele, que se inserta en los submundos de la narración, que denuncian las paradojas de la historia que se ha venido escribiendo en Rumania.

La película con su escaso presupuesto utiliza la filmación de tipo documentalista bajo el postulado de la improvisación técnica; sin los planos fijos y calculadísimos de Ulrich Seidl, pero sí bajo la dinámica en la cámara que a Jafar Panahi gusta. Como Michel Haneke, las tomas de Netzer generan una interiorización del personajes a través de la cercanía de la cámara pero evaden la inmovilidad, algo así comocinéma verité de un drama psicológico. Las secuencias que se arman bajo este contexto son sólo las fundamentales para poder organizar los niveles simbólicos. La historia y los modos de narrar la historia se redondean para no dejar fuera la emoción dramática.

La pregunta final y neurálgica es en sí ¿dónde se encuentra o cuál es la postura del hijo? Quizá bajo un juego metonímico el hijo pueda ser el retoño, lo nuevo, el hijo muerto, el producto, la sociedad, el pueblo rumano actual. Por eso mismo quizá sea bueno contextualizar la película bajo las poéticas rumanas precedentes.

Bajo el término nueva ola del cine rumano ficciones  como La muerte del señor Lazarescu (Cristi Puiu 2005), 12:08 al Este de Bucarest (Corneliu Porumboiu  2006), 4 meses, 3 semanas, 2 días (Cristian Mungiu 2007), y el documental autiográfico de Nicolae Ceausescu (Andrei Ujică, 2010), por citar algunas, se inscriben la conformación de un modo peculiar de contar los vericuetos de la sociedad rumana. Hablar de novedad o de “lo novedoso” debe hacerse con cuidado, pues muchas veces se convierte en sólo una táctica de mercado o de publicidad, y esto determina una manera de aglutinar arbitrariamente distintos tipos de poéticas fílmicas a una espacio y tiempo: el ahora. Por ello creo que no se puede dejar de presentar al cine rumano como un hijo, un producto que mantiene  estrechos y tensos los lazos con la “madre” que en su afán de independencia, de superación, de identidad es que surge tangiblemente sus contradicciones, generado con ello los más originales discursos fílmicos.

La renovación del cine rumano como producto o un hijo más de la sociedad rumana  y puede significar por un lado, emigración, asimilación de distintas poéticas fílmicas vigentes, y por otro, lo más importante, el  ensamble empático entre el espectador y creador contemporáneos, es decir, las inquietudes temáticas, la aclaración histórica, la crítica y la adaptación al periodo posCeauscescu, en Rumania y en el mundo. Es en este enclave en el que la historia se empalma en el presente y hace evidentes las contradicciones sociales, políticas y culturales de Rumania contemporánea.

Bajo este contexto “la postura del hijo” debe ser vista bajo todas las transfiguraciones que permitan los modos de narrar y la historias, y que produzcan una postura con la cual nos identificamos de algún modo como un estruendo. Ya lo dijo dijo Paul Celan: "Un estruendo: la verdad/ misma ha comparecido/ avanzando entre los/ hombres,/ hacia el centro/ del torbellino de metáforas."

 

22.12.13

Mr. FILME


@FilmeMagazine
La letra encarnada de la esencia de F.I.L.M.E., y en ocasiones, el capataz del consejo editorial.....ver perfil
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