siguenos
Everybody be cool this is a robbery!
Por: Daniel Valdez Puertos
@ DValdezPuertos

Una vez que el cine adquirió la facultad sonora, una serie de géneros narrativos, que venían ensayandose desde su orígen, consiguieron establecer sus códigos perfectamente reconocibles para el espectador y fue así fue que entraron en el mafioso callejón del Studio System: códice de limitación creativa bajo la cual se tiene que comportar toda obra cinematográfica para su posible proyección en el mercado internacional y en el mundo de las imágenes. Condición esencial de nuestra cultura.

Es por eso que los musicales, la comedia, el melodrama, el western y el cine de gángster se constituyeron como las figuras narrativas institucionalizadas por excelencia. Estos géneros, florecientes durante la época dorada de Hollywood, determinaron una manera especifica de hacer cine y hacer cineastas. En especial, fue el cine de gángster el género del que podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos donde se formaron autores cuya huella personal podía infiltrarse por las rendijas de un sistema convencional, hegemónico y sátrapa. Pero al hablar de ese periodo, y en espescífico de esta tendencia, resulta necesario remitirnos antes que nada a una regla genealógica: antes del cine, fue la literatura, antes de la literatura está la sociedad, y detrás de ella la base económica. Así que vayamos por partes.

Como alguna vez el escritor Fitzgerald afirmó con toda sensatez que la civilización comenzó con la destilación, los estragos generados por las grandes cantidades de tragos han sido terribles, aunque quizá también la ausencia del elemento etílico puede tener consecuencias igual de nocivas para el cuerpo de la sociedad. En el año de 1919 fue ratificada en Estados Unidos la Ley Seca promovida por grupos conservadores preocupados por el rendimiento de las clases proletarias para potencializar la producción capital, producción militar excesiva que diez años después será la causa del primer gran cimbra del sistema económico, y así, una vez que se prohibía la venta y producción de bebidas alcoholicas, cuando la relación entre oferta y demanda se desproporciona, surge una crisis en todos los niveles. El contrabando comandado por una serie de outsiders desató una fuerte ola de crímenes que serán el sustento argumental de relatos sensacionales y personajes mixtificados que retrataran de manera figurativa los episodios oscuros de la sociedad norteamericana. Dashiell Hammet y Raymond Chandlers, destacados escritores del género policiaco, novelizarán con agudeza literaria la realidad que se estaba cosechando antes de la Gran Depresión. Los bajos fondos como el escenario por excelencia, el detective lacónico y suspicaz que siempre habla para sus adentros intentando desentrañar entre las sombras la guarida de Tony Montana o de Al Capone mientras una misteriosa mujer envuelta en volutas de humo se acerca sospechosamente sensual al escritorio de Philip Marlowe. Estas novelas, empastadas con cubierta negra en la mayoría de sus ediciones ya compiladas, son las tramas que dieron vida a películas formidables como El enemigo público número uno (1934), de W.S. Van Duke,(emblemática escena donde el villano hace jugo de toronja con la cara de su mujer),o Scarface (1932)de Howard Hawks, que si bien podría decirse que manejan un lenguaje cinematográfico convencional, han adquirido con el paso del tiempo la indefectible capa estética de la nostalgia. Y si quisiéramos encontrar una estética inherente del género habrá que hacer una distinción importante entre dos corrientes que suelen confundirse a menudo. No es lo mismo cine de gángster que cine negro.

Al hablar de film noir o cine negro nos referimos a un tipo de cine con carácterísticas expresivas bien definidas y con mecanismos narrativos muy particulares con los que el género de gángsters no coincide necesariamente. La ley del hampa (1927), de Joseph Von Stenberg, una de las primeras películas más representativas que cuenta el universo del crimen y la mafia, poco tiene que ver en su estilo con El halcón Maltés(1941) de John Huston. El cine negro es aquél que se caracteriza por el uso expresivo de la iluminación por medio de fuertes claroscuros, además de que el leitmotiv no es descubrir el asesino o dar con el hampa, sino es la tensión del suspenso y el desarrollo de la pesquisa. El cine negro también tiene en su origen motivos sociopoliticos, pues su estética se debe al hecho de que las personas involucradas en estas producciones eran técnicos alemanes que huían del régimen nazi migrando a Estados Unidos. Por tanto enriquecieron los relatos gangsteriles con las prácticas estilísticas del Expresionismo Alemán de la década de los veinte. Gracias a estos alemanes (entre ellos Fritz Lang quien realizó dos importantes películas sobre el crimen organizado, Furia(1936) y Sólo se vive una vez (1937), es que podemos ver a Humprey Bogart simbolizando con su mirada la Ley que se debate entre el bien y el mal, entre clarobscuros metafóricos, deliciosamente connotativos. Pero así como el Western (antecedente cinematográfico del cine de gángster, sólo que en la versión rural) tuvo su mejor realizador en Sergio Leone, en el cine de gangster, viene a ser un italiano el gángster por antonomasia: Vito Corleone, Il Padrino, llevado a la pantalla por Francis Ford Coppola, quien si bien no es italiano sí tiene ascendencia siciliana. Por otro lado, situándonos más en la actualidad, otro que también tiene ancestros mafiosos de la península itálica y que de manera contundente creó uno de los relatos de gángster más fascinantes fue sin duda Tarantino, con Pulp Fiction. Pero como sabemos, la historia de los géneros cinematográficos no estriba simplemente en la historia de Hollywood, tan así que el cine de gángster que aportó más al desarrollo de una identidad artística de arraigo en el lenguaje cinematográfico ocurrió aquí, en México. De verdad lector, no se trata de una hipérbole chauvinista, esto lo afirmo con toda objetividad. Juan Orol creó toda una nueva corriente que aún a distancia no podemos evitar reírnos sin poder sopesar en su justa medida los valores creativos de su obra. Es cierto que todo fue involuntario. Su humor y su torpeza narrativa. No obstante, Gángsters contra charros(1947) y Los misterios del Hampa(1945)no sólo inauguran una corriente sin precedentes:el expresionismo surrealista, sino también algo que la gente de cine conoce muy bien, los llamados “patos”, chapucería técnica para evitar que un eje de continuidad espacial una vez que se rompe por negligencia salte a la vista del espectador. Esto, querido lector, es la estética del error. Este es el estilema del cine latinoamericano, es nuestra identidad y no deberíamos avergonzarnos de ella. Viva Johnny Carmenta, reivindiquemos el error, bang, bang, bang contra los vampiros perfeccionistas de la industria.

Daniel Valdez Puertos


@Tuittiritero

Textoservidor. Lic. en Técnicas de la alusión con especialidad en Historia de lo no verídico. UNAM generación XY. Editor en Jefe y cofundador de la revista F.I.L.M.E. Fabricante de words, Times New Roman, 12 puntos. Es....ver perfil

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