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El año más violento

por Crhistian J. Benítez

 

Ronald Reagan toma posesión como presidente de los Estados Unidos de América; sesenta y nueve días después lo intentan asesinar. Richard Godkin y John D´Agnese son abatidos en Richmond Hill, Queens, por capos de la familia criminal Gambino al tiemo que comienza la mayor recesión después de la posguerra. El quimérico John Carpenter, a manera de purga social, exhibe una excelente narrativa visual del complesso local (ambientado en el futurista 1997). Dan Graham enquista un juego arquitectónico en azoteas de New York, ciudad que reporta el mayor índice de robos hasta ese momento. Estamos en 1981.

 

De Wall Street al Océano Índico y de vuelta a Manhattan

El año más violento (A most violent year, 2014) es el tercer largometraje del director J. C. Chandor. Después de la crisis financiera que atraviesa en Margin Call (2011), y después que el excelente Robert Redford nos enseñara que –un hombre solo se tiene a sí mismo- en  All is lost (2013), Chandor insiste en una narrativa de carácter berroqueña. El porte estoico y la palabra honorable ya no nos es tan familiar hoy en día, el juego sucio y las distintas formas de esculpirse a uno mismo entre el hartazgo social nos motiva a traicionar, y aunque esto no es nada nuevo, el joven realizador  lo cuenta bien.

Ambientada en el año de 1981 en la Ciudad de New York, momento en que la crisis económica por la desregularización del sistema financiero y el reajuste del organismo político estaba comenzando, se asoma un Abel Morales, protagonizado por el actor Oscar Isaac, que después de aquel beatífico semblante folk en Inside Llewyn Davis (2013), ahora se muestra en consorte con la protagonista de Interstellar (2014), la generosa Jessica Chastain, en esta ocasión como la bionda Anna Morales.

Abel ha configurado trazos para obtener lo que él quiere, la suerte está de su lado. Invierte un par de valijas llenas de billetes por un borrascoso terreno a horillas del Río Hudson, la adrenalina corre, el señor-industria sonríe, el “American Dream” apela a imágenes de escarabajos peloteros. Y aunque él claramente sabía que –todo mercado nuevo es duro– comenzó con el traslado de aceite por el país, sin pensar en los ganchos duros que los pusilánimes le darían.

Chandor, hace que su personaje discurra entre distintos roles solemnes, emblemáticos de aquella honradez paternalista: aquel quien velara por sus hijas, el esposo ecuánime que tendrá la gallardía de soportar la asfixia de la aparente justicia y el gánster que ante todo principio, siempre resultará mejor, la negación –él no es mi padre, es mi esposo-, encantadora forma de reforzar este resultado por la querida Anna.      

La disonancia que existe entre el deber, el tener y el querer ser o hacer, posibilita que las aspiraciones se bifurquen, haciéndolas parecer cada vez más lejanas, sin siquiera haber intentado introyectarlas; es aquí, donde el juego entre el achantado o el cabal hombre que podrían existir en cada uno de nosotros comienzan la debacle. El timorato Julián, protagonizado por Elyes Gabel, nos delinea esta situación; emigrante al igual que su jefe Abel, hará lo que sea necesario para que se enorgullezca de él, pero la narración se logra cuando, estas decisiones provocarán el colapso tanto de Julián como todo lo que hasta ese momento Abel había construido. 

La fotografía está a cargo de Bradford Young, la estructura en que los elementos están organizados y los matices que utilizan para contrastar, hacen del FILME un recorrido tranquilo por algunos de los sitios de Manhattan y hostil las confrontaciones de los personajes, es por ello que el montaje funciona tan bien, Ron Patane quien coordino el proceso está muy involucrado con la serenidad que requiere la antesala de las escasas escenas donde el vaivén de la cámara nos convence del fantasma de la violencia, el cuento se logra.

La intención de Chandor es desarticular a sus personajes yuxtaponiéndolos en una narrativa donde el pasado los somete, sin embargo, redondea al recitar –estas mirando atrás mira adelante es lo único que puedes controlar. Bien pudo haber sido Bardem.  

 

20.08.15

 

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