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La bruja

El encanto clásico de las brujas en el Nuevo Mundo

por Joel Gustavo

 

La brujería como práctica mística tiene dos facetas: la magia blanca, una colección de remedios, rituales de sanación y purificación; en oposición a esta cara benévola existe la magia negra, que se divide en dos ramas, la magia homeopática y la magia contaminante. La primera faz de esta infame practica milenaria parte de la idea de que lo semejante produce lo semejante,  así para atacar a un enemigo, una bruja o brujo, destruye una imagen suya esperando un efecto similar en el embrujado. Por otra parte, la magia contaminante sugiere que al separarse las cosas que estuvieron juntas, ambas guardarán una relación profunda, por lo que todo lo que se haga a una producirá efectos en la otra. Magia contaminante articula el eje narrativo de La bruja (The Witch, 2015), película independiente dirigida por Robert Eggers, quien además escribió el guion para ésta, su opera prima,  ganadora del premio a mejor dirección en el festival Sundance de 2015. 

No es otra película de greñudas

Resulta peculiar que desde inicios de siglo la producción de cine de terror adoptara a nivel mundial un mismo arquetipo de bruja: una mujer en trapos sucios, generalmente descalza y largos cabellos negros enredados frente a la cara. Esta imagen unas veces espectral, otras tantas misteriosa y maligna se ha reproducido hasta la nausea en grandes y pequeñas producciones, lo que en buena medida ha empobrecido la imagen de las brujas en el imaginario cinematográfico. Ahora bien ¿por qué la bruja interpretada por Bathshiba Garnett (bruja anciana) y Sara Stephens (bruja jovial) es diferente de la otras? Esta hija de Gaya no es diferente a las otras en cuanto a traer desgracias a los infelices que hechiza, tampoco por usar mensajeros animales (en este caso cuervos, conejos, cabras), tampoco en su corte de cabello, ya que sobre su cara juega una larga melena. ¿Entonces hay diferencia o no? Sí la hay. Esta bruja no usa una túnica andrajosa, sino que practicando abominables ritos en decrépita desnudez o bien vestida sensualmente con una caperuza y una sonrisa atrapa ingenuos. Esta bruja no busca venganza o deambula como espectro llevando muerte y dolor, no, esta bruja hechiza a una familia exiliada de fervientes puritanos del Siglo XVII en Nueva Inglaterra, quienes luchan contra una tierra salvaje donde la escases sólo encuentra consuelo en la fe y,  para cerrar el conjuro: esta bruja no se transforma en diablo o demonio, sino que sirve a Lucifer (la cabra negra, Black Phillip) asechando almas, oculta en las entrañas de un bosque inhóspito por medio de encantamientos que demandan sangre, viseras, lágrimas, miedo y muerte.

 

El encanto del Folk horror

El terror folclórico es un subgénero cinematográfico con denominación británica (The Devil Rides Out, 1968; The Blood on Satan’s claw, 1971; Cuando las brujas arden (Witchfinder General, 1968), que se caracteriza por tener un cuidadoso diseño de arte inclinado a resaltar atmosferas sobrenaturales en edificaciones antiguas, paisajes misteriosos donde se practican cultos paganos, pactos demoniacos, orgias rituales, todo esto que al combinarse con historias sólidas, personajes actuados de forma verosímil y numerosos elementos técnicos del cine de horror conforman un peculiar estilo de filmar. La bruja encaja perfectamente en esta tradición, que en años recientes ha encantado las pantallas de cine con nuevas viejas tradiciones paganas como The Wicker Tree (Robin Hardy, 2011), secuela del clásico El hombre de mimbre (The Wicker man, Hardy, 1976);  A Field in England (Ben Wheatley, 2013), alucinante filme de horror psicológico cuyo escenario es la guerra civil inglesa mejor conocida como La Guerra de las Rosas y The Borderlands (Elliot Goldner, 2013), un filme found footage (cámara en mano, hiperrealista por supuesto) donde una banda de advenedizos documentalistas sufren una persecución demoniaca.

Un contagioso hechizo

Vale la pena caer en el conjuro visual, sonoro y sensorial de La bruja, por ser una producción pagana, realizada con polvos de viejos filmes británicos, humores de antiguos dioses del cine de horror como Peter Cushing y Christopher Lee, sangre joven como la de  Roberte Eggers y Anya Taylor-Joy (Thomasin) y un soplo de sorpresa por ver en pantalla brujas clásicas haciendo de las suyas en el Nuevo Mundo, además de un delicioso toque de menta y té negro.

 

19.05.16

Mr. FILME


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La letra encarnada de la esencia de F.I.L.M.E., y en ocasiones, el capataz del consejo editorial.....ver perfil
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