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Spider-Man: de regreso a casa

por Fco Javier Quintanar Polanco

 

En memoria de Joan Lee, musa inspiradora del gran Stan, y a quien millones de amantes del cómic le debemos mucho.

 

Gracias a que la segunda entrega de El Sorprendente Hombre Araña 2: La amenaza de Electro (Webb, 2014) no tuvo el éxito en taquilla esperado, aunado a una serie de problemas surgidos a posteriori, y el hecho de que Marvel Studios llegase a un acuerdo de derechos con Sony para que los primeros pudiesen incluir al personaje como parte de su universo cinematográfico; fue como se decidió hacer borrón y cuenta nueva, y relanzar una nueva película protagonizada por el popular trepamuros.

El primer paso para ese nuevo “reinicio” se dio dentro de Capitán América: Civil War (hermanos Russo, 2016), donde el superhéroe aparecería no solo por vez primera dentro de la continuidad fílmica de Marvel, sino que sería además el bautizo oficial para el actor encargado de darle vida: Tom Holland. Posteriormente se anunciaría la llegada de la nueva película del arácnido (ya como parte del MCU) para 2017.

En este nuevo inicio, Peter Parker es todavía un adolescente de 14 años cursando el high school, viviendo en compañía de su sexy Tía May, enamorado de una chica dos grados escolares arriba del suyo, con un mejor amigo quien es un geek fan de las computadoras, los lego y de Star Wars, y lidiando con las cosas mundanas propias de un chico de su edad. Por el lado de su alias superpoderoso, y tras haber probado la emoción de haber combatido al lado de Iron Man y otros Avengers (en la mencionada Civil War), se ha vuelto una especie de adicto a la adrenalina, y desea que Tony Stark (a través de Happy Hogan, quien funge como enlace con Tony) le vuelva a llamar para una nueva misión, mientras él se dedica a atrapar delincuentes de poca monta en su barrio en Queens para ganarse de nuevo la atención de Stark y buscando un reto a su altura. Pero ni Tony responde a sus llamados, ni los pillos comunes a los que se enfrenta le suponen un verdadero reto, y comienza a aburrirse como ostra.

Todo ello cambia cuando en el radar de Spidey aparece un grupo de maleantes traficando con armas diseñadas a partir de tecnología extraterrestre y ultrasecreta obtenida de modo ilegal. Peter ve en estos traficantes un rival a su altura, por lo que (desoyendo los consejos de Hogan y Stark quienes le recomiendan mantener un perfil bajo hasta nuevo aviso) decide lanzarse a la caza de estos criminales y de su jefe, Adrian Toomes. Pero Parker descubrirá que combatir a supercriminales no es tan sencillo como esperaba, y lo aprenderá del modo difícil.

Marvel apuesta por un enfoque más novedoso para su personaje insignia, y en lugar de volvernos a contar de nuevo la historia ya conocida por todos (el como adquiere sus poderes, como diseña su traje, la muerte de una figura crítica como es el tío Ben, etcétera), decide dar un salto temporal donde lo anterior es obviado y se pasa directamente a la historia de un Parker que enfrenta no solo a criminales y seres con poderes, sino también problemáticas propias de su edad: el bullying, las decepciones amorosas, el cumplir con sus deberes escolares… y sobre todo, buscando un modo de que sus dos identidades puedan coexistir sin afectarse mutuamente, cosa que no siempre logra.

En ese sentido, la película se aleja un par de pasos del aspecto superheroico del personaje en cuestión, y se aproxima más a los conflictos surgidos de su situación particular, sobre todo en lo tocante a sus decisiones –las cuales no siempre son las mejores o más atinadas– y las consecuencias que se derivan de ellas. En ese aspecto, más que tratarse de la tradicional cinta de superseres brindando épicas luchas entre sí desatando una avalancha de batallas y emociones, Spider-Man: de regreso a casa (2017) esta planteada más bien como un relato de crecimiento, un coming of age en el que el personaje debe aprender (a veces no de la mejor manera) las lecciones necesarias para su desarrollo personal, emocional y –en este caso– como héroe con poderes especiales.

Y es allí donde reside la verdadera fuerza del filme: en ofrecernos a un paladín que a veces no es eficiente, que no siempre resuelve todo con habilidad, y que inclusive requiere la ayuda de alguien para remediar algunas de sus metidas de pata. Es decir, un Spider-Man muy parecido a cualquier persona común, que se equivoca no pocas veces, y se esmera por hacer lo correcto, aunque esto a veces no le resulte sencillo. Y quien al final, decide que antes de correr, es necesario saber caminar.

En ese tenor, el villano en cuestión se corresponde con ese acercamiento más humano hacia el mítico superhéroe. Como ya se había visto con Helmut Zemo –también en Civil War– las acciones heroicas de los superseres pueden tener consecuencias inesperadas entre la gente con existencias normales, como también pasa con Toomes, quien empujado por una decisión del corporativo Stark –que lo deja sin trabajo de la noche a la mañana– deja un tanto de lado su honradez y principios morales en pos de poder ganar dinero y obtener el sustento para su familia. No es un villano con pretensiones de dominar al mundo ni destruirlo, sino simplemente alguien deseoso de beneficiarse con las migajas que los Avengers dejan tras de sí en cada uno de sus épicos enfrentamientos. Es este razonamiento, no exento de coherencia, sumado a su modus operandi y un peculiar traje especial para llevar a cabo su felonías, hacen que el nombre de Vulture (Buitre) esté más que bien justificado.

Y es precisamente su extracción de clase trabajadora, su pragmatismo amoral contrastado con su lealtad hacia los suyos (aspectos soberbiamente matizados por la estupenda interpretación de Michael Keaton) lo que hacen del villano un personaje llamativo, de contrastes, que no es malévolo pero sí puede ser peligroso si se siente amenazado, y con el que es fácil empatizar. Estas características son bien explotadas por el mejor giro de tuerca que la trama tiene, a través del cual consigue crear una tensión dramática cuando héroe y villano se descubren uno al otro, y sin duda proporciona un genuino cliffhanger al desenlace, dejando entrever que, en otras circunstancias, Parker y Toomes pudieron haberse entendido y desarrollado lazos amistosos, y que son las circunstancias las que los orillan a enfrentarse.

Tan serio como todo lo anterior pudiese sonar, Spider-Man: de regreso a casa, sin embargo, logra mantener un sano equilibrio entre lo dramático, lo emotivo y un tono general ligero y desenfadado, donde la comedia esta a la orden del día y conecta muy bien con el público. Los desatinos y chistes del personaje hacen reír espontáneamente, y por medio de ellos se hace mofa no solo de ciertas situaciones, sino también de otros personajes del Universo Marvel, del Universo DC, y hasta del universo Star Wars, y desde luego, de sí mismo.

Al fin de cuentas, esta nueva aproximación al arácnido resulta ser un buen inicio para su regreso a las filas de superhéroes Marvel, y es un entrañable y divertido reinicio para uno de los personajes más emblemáticos que hayan surgido de las páginas de un cómic. Un nuevo comienzo que no esta exento de equívocos, regadas, dudas y no pocas situaciones embarazosas, pero que, con todo, permite al personaje una verdadera comprensión de sí mismo, lo que a la postre le permitirá asimilar las lecciones necesarias para madurar como individuo, como personaje y aprender (sin necesidad que alguien lo diga a cuadro) el significado de ese famoso mantra que reza: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

10.07.2017

Fco. Javier Quintanar Polanco


Comunicólogo egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. Editor del fanzine independiente A.T.P. de 1987 a 1992. Actualmente, es colaborador en las publicaciones electrónicas Revista Cinefagia y El Patas.Net. ....ver perfil
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