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La fantasía desfigurada

Pesadilla en la calle del infierno

por Sharely Cuellar

 

Los sueños suelen ser un refugio para aquellos que se han visto defraudados por su propia realidad. El descubrimiento progresivo de que no existe una vida idílica en familia hace que los jóvenes personajes de Pesadilla en la calle del infierno (A Nightmare on Elm Street, 1984) enfrenten los crímenes de sus padres en un plano onírico, donde la lógica es una limitante y las leyes de la física y las de los humanos no tienen influencia.

Luego de las sospechosas muertes de sus amigos de escuela, Nancy (interpretada por Heather Langenkamp) debe combatir, en la inconsciencia, a un psicópata desfigurado que usa un guante con navajas afiladas: Freddy Krueger (Robert Englund). Todas las heridas obtenidas en el sueño pasan a la realidad y Krueger es el único que conoce y domina las reglas en el mundo onírico. No hay rezos o trucos que puedan proteger a las víctimas.

Wes Craven se integró con esta película a una generación de directores que, a finales de los 70 e inicios de los 80, presentaron por primera vez a los monstruos más recordados del slasher. El género fue liderado en aquella época por películas como Halloween (1978) de John Carpenter o Viernes 13 (Friday the 13th, 1980) de Sean S. Cunningham. En la pantalla, grupos de adolescentes eran perseguidos por sanguinarios seres que asesinaban con cuchillos u otros objetos punzocortantes, influenciados a su vez por el giallo.

Todos los jóvenes en Pesadilla en la calle del infierno sufren conflictos con sus padres y por eso no es extraño que busquen apoyo, principalmente, en sus amigos para afrontar las pesadillas. Krueger aprovecha cada oportunidad y los acosa de tal manera que hay momentos donde resulta difícil asegurar si estamos viendo un sueño o la realidad.

Si en La masacre de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, 1974) de Tobe Hooper conocimos a una familia de asesinos sociópatas, que habitaban en una zona rural durante los 70; Craven nos presenta, diez años después, a unas familias de suburbio que aparentan ser personas normales. Esa imagen se va deformando por los secretos que guarda la comunidad, además del alcoholismo, la ausencia de los padres o el completo desinterés de éstos hacia sus hijos, problemas que se asoman gradualmente.

El color rojo y el verde, que aparecen en casi todas las escenas, son una combinación interesante, debido a que pueden traducirse como la expresión de una maldad frenética, algo que encaja con el carácter de Freddy Krueger, quien es más que un monstruo vengativo, ya que de hecho disfruta torturando física y emocionalmente a sus presas.

Nancy es un personaje que representa la feminidad, la inocencia y la pureza. En la escena de la bañera resulta imposible negar la carga sexual; la chica es acosada por ese monstruo desfigurado en uno de los lugares más íntimos… La idea de estar inseguros en cualquier lugar, incluso al cerrar los ojos, es uno de los mayores logros del filme, porque no solo la realidad influye en los sueños, sino que los sueños también repercuten en la vigilia, donde resulta irrelevante la pureza del alma cuando, además, se trata de cobrar por los pecados de otras personas.

Nuestra heroína hace lo posible para mantener su alma a salvo y pide en rezos que el Señor la cuide durante el sueño, busca respuestas sobre el origen de Krueger, trata de salvar a sus amigos, además prepara su mente y su entorno con el fin de enfrentarse a la pesadilla mortal.

La manifestación de la inconsciencia es impredecible. Esa es la característica más aterradora de la película, principalmente porque los sueños son un terreno infinito donde no hay certeza acerca de cuál realidad vivimos, ni sabemos con total seguridad si nos encontramos en un recuerdo o en una fantasía. No conocer los límites y las reglas nos convierte en exploradores de nuestra mente.

En esta película ese terreno es conocido y dominado por Freddy Krueger, uno de los monstruos del cine norteamericano de horror más temidos, tan es así que la canción de las niñas que juegan a saltar la cuerda es parte de la cultura popular: cantar “Uno, dos…” seguido de “ya viene por ti” es el anuncio del peligro inminente.

 

28.10.18

Mr. FILME


@FilmeMagazine
La letra encarnada de la esencia de F.I.L.M.E., y en ocasiones, el capataz del consejo editorial.....ver perfil
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