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Pandemia en pantalla

por Luis Backer

 

            Habían vivido juntos lo bastante para darse cuenta de que el amor era el amor en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuanto más cerca de la muerte.

El amor en los tiempos del cólera  

 

En 1979 irrumpió dentro del panorama fílmico nacional una desconcertante pieza de ciencia ficción: El año de la peste (1978), dirigida por Felipe Cazals. Tanto el argumento como el guión estuvieron a cargo de un desinteresado Gabriel García Márquez, que en compañía de Juan Arturo Brennan, reinterpretaron la novela Diario del año de la peste escrita por Daniel Defoe en el lejano 1722. Los diálogos, vale la pena mencionarlo, estuvieron a cargo de José Agustín, rasgo distintivo del filme.

En la apocalíptica ficción de finales de los setenta, el Dr. Brennan, ataviado en pantalones de campana y conjunto de tres piezas, melenudo y con anteojos a lo Rigo Tovar, es un cirujano plástico cuya verdadera pasión es la epidemiología. En sus visitas al hospital descubre una inusual alza en las muertes causadas por enfermedades respiratorias que son atribuidas a la neumonía —¿les suena?—.

El Dr. Brenan da aviso a las autoridades, y aquellas deciden ignorarlo y tratan de controlar la situación para evitar el pánico con ese oficialismo tan propio del mandato de Luis Echeverría. La pandemia sigue su curso. El gobierno desestima los alcances de la peste y sus intentos por controlarla fracasan. Mientras tanto, en los barrios bajos surgen sectas que usan amuletos y realizan sacrificios humanos para protegerse de la plaga. En las calles varias cuadrillas de fumigadores enfundados en sofisticados trajes dispersan espuma amarilla —desinfectante, supongo— por todas partes y bajo el resguardo del ejercito.

En una reunión de gabinete, los más altos cargos del gobierno discuten. Ponderan el aspecto económico en la crisis generada por la pandemia. Todo se vuelve más complicado cuando el Embajador de Dinamarca contrae la enfermedad y muere. En el extranjero se conoce la situación mientras que en el país se sigue manteniendo en secreto. Los medios callan, acomodados, oriundos.

Si quieren que se les pongan los pelos de punta, les cuento que en la película los primeros decesos suceden un 20 de marzo. Y ya no les diré en qué mes concluye y de qué manera para que no se me tache de pesimista.

Al final —spolier alert— el gobierno niega que tal peste hubiera existido. Argumenta que todo fue un invento para desprestigiarlos y un aire apocalíptico borra a la plaga y los 350 000 muertos de la faz de La Tierra. Sin grandes sobresaltos visuales y un lenguaje sobrio, casi telenovelesco, El año de la peste, como muchas películas de ciencia ficción, se le adelantó a la realidad.

N. del E.

Hoy y siempre, una de las más caras y fallidas películas del viejo Felipe. Vale la pena rescatar una piadosa pincelada del maestro Ayala Blanco, en su inefable Condición del cine mexicano (1986 en Posada; 2019 en la UNAM, descargable), para recomendarla: “el cine de autor más enérgico y estridente del echeverrismo había dejado de indignar, para empezar a inspirar lástima”.

 

26.03.20

Luis Backer


@backersluis
Vigemonónico flâneur que escribe que escribe, sin comillas. M.A. en Literatura Comparada. A la realidad le gustan las simetrías, la ficción no tiene reglas. Para mayores informes: http://lavacamulticolorby.blogspot.com....ver perfil
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