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A Ghost Story

El espíritu en la búsqueda de sentido a través del tiempo

por Paulina Abril Vázquez Reyes

 

Perdíamos cuerpo y el mundo había perdido cuerpo.

Por eso andábamos con el amor desesperado de los fantasmas.

Elena Garro

 

¿Cómo podemos explicarnos la muerte si apenas entendemos cómo es la vida?  Este filme no pretende darle una respuesta a la interrogante, pero sí lleva su hipótesis hasta el extremo más lejano del tiempo. Narrada de una forma sensible y desgarradora, David Lowery se encarga de hacer que  Historia de fantasmas (A Ghost Story, Estados Unidos, 2017) se convierta en un punto de referencia muy particular dentro del espectro fílmico contemporáneo.

Pero, ¿qué es lo que vuelve tan memorable a esta producción? De entrada podemos decir que su estructura agrupa una fórmula infalible: la congruencia. Es decir, que tanto la  increíble fotografía en formato 4:3 que le valió a Andrew Droz Palermo el premio a Mejor Fotografía en el Festival de Sitges 2017, así como la música de Daniel Hart y el talento histriónico de Rooney  Mara y Casey Affleck, son los elementos que sin olvidarnos del impecable guión y dirección de Lowery forman una historia cuyas piezas encajan perfectamente unas con otras.

No obstante tener una preferencia por los filmes cuyo valor reside en su poiesis, más que en sus proezas técnicas de realización (aunque por supuesto éstas sean significativas e importantes), me parecen relevantes aquellos que se preocupan por los detalles, por la relación de los símbolos con los que se teje su estructura, mismos que dotan de cualidades insólitas a esas temáticas que se han explorado desde el inicio de los tiempos.

Si bien podría resultar irónico y hasta risible ver en una pantalla el estereotipo de fantasma bajo una sábana, el tratamiento de Lowery hace que esta figura inerte conmueva al espectador tocando sus fibras más profundas. Cuán abrumadora es la respuesta empática que genera este espectro corpulento que no emite palabra, que observa, que espera.  La capacidad de transmitir un mensaje se determina en gran medida por las habilidades de síntesis y ejecución de su autor(a); por lo tanto, apostarle a una solución tan sencilla y arriesgada para hablar de la muerte, es la cualidad que refresca la perspectiva desoladora y arcaica de este acontecer biológico. Podemos ver lo imperceptible gracias a una mortaja que cubre su esencia, al movimiento parsimonioso de una tela que deambula por todos los rincones de su añoranza.

A Ghost Story nos ofrece una oportunidad de reflexionar acerca de la inconmensurabilidad del todo: la vida y la muerte, el pasado y el presente, una casa modesta y el amplio universo, todo esto redondeado con una banda sonora que nos acompaña de forma sensible y genuina durante la trama pero que también entiende el momento de guardar silencio. Un balance preciso entre la potencia y la mesura.

 

¿Cuántas formas hay de enunciar la nostalgia?

Una gran tristeza blanca que se  desplaza pesadamente por los campos, la mirada perdida de nadie en la ventana,  el peso muerto que espera en el sillón, la iridiscencia proyectada en la pared.

¿Cómo hablar de soledad, del olvido?

El transitar del tiempo en una casa cuya identidad se transforma durante las temporadas en que es habitada por distintas personas. El monologo irritante de aquel que pasa demasiado tiempo solo pensando en qué decir y atina abrumadoramente en las hipótesis que nunca podrá comprobar por sí mismo. La repetición que se vuelve ritual al rasgar una rendija del tiempo. La búsqueda casi eterna de unas cuantas letras que finalmente en la apoteosis de su lectura consuman su esencia.

 

10.07.20

Colaboradora Paulina Abril Vázques Reyes


@vzquez_pau
Artista Visual, cinéfila y poetisa especializada en estudios de género y feminismos.....ver perfil
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