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Anotaciones sobre 2001

La obra cumbre de Stanley Kubrick, desde cierta perspectiva propone a una otredad, la especie extraterrestre representada con monolitos, necesaria e inclusive buscada por una humanidad que se niega a ser el único reducto de raciocinio en el universo. Así como hemos logrado, en este filme de 1968, crear inteligencia artificial a nuestra imagen y semejanza, ¿deberán existir otras civilizaciones más viejas que la nuestra con los mismos propósitos, llevados a cabo con más sofisticación? Y más aún, ¿podríamos ser nosotros mismos el producto de dichas intenciones por parte de inteligencias interestelares superiores? Con ideas siempre inacabadas, 2001, odisea del espacio, está presente en nuestro Noviembre Extraterrestre.

por Iván Novelo

 

Muchas y muy variadas son las historias de otros mundos, otras galaxias y otras vidas. Yo mismo, desde que me enteré de las antes mencionadas, me convertí en un “seguidor” (mas por obligación que por gusto) de todas ellas; mi padre, junto con Robert Lieberman y su Fire in the sky (1993), hicieron de mí un adolescente temeroso de este tema, sin embargo, ahora que gozo de “plena” rectitud consciente, me doy cuenta de que estas historias son realmente atractivas, me empujan a cuestionar la existencia misma, sus orígenes y el cause que lleva esta micro especie en el universo que hemos llamado humano. Entre tantas ficciones, documentales y producción casera “verídica”, mi director favorito ha planteado también su propia visión sobre la vida extraterrestre. Kubrick con 2001: A Space Odyssey, fuera de la critica dura, nos da un hilo conductor inimaginable, derrocha argumentación visual y sonora para hacernos entrar en una hipnotizante cinta. Nos cuenta una historia que, pese a lo complejo de descifrar, permite también verse con ligereza y preguntarnos una vez más si estamos solos en el universo.

Resumiendo -por que sé que todo buen lector de esta revista se ha encontrado con 2001, odisea del espacio-, tenemos la constante historia evolutiva del hombre y la pequeña posibilidad de que dicha evolución haya estado acompañada o monitoreada por otra forma de vida, radicada mas allá de la órbita terrestre, evolución que hoy en día es mas que obvia a los ojos de aquellos entusiastas de las entonces teorías progresistas de Darwin; con esta evolución fisiológica, también debemos entender que vino una evolución del pensamiento, de la conciencia, de todas esas cosas que hoy gobiernan con el nombre de “razón” nuestras formas de vivir, pues nos detuvimos a mirar nuestros orígenes, al tiempo que comenzamos a ver nuestros futuros.

Existen dentro de la película al menos cinco nacimientos. El primero de ellos es el del hombre, pero no es la estampa del hombre moderno bien vestido y aseado, si no el del hombre con necesidades de superioridad (que después, en efecto, marca con lujosos atuendos), simbolizado fuertemente con el uso de las herramientas. Ese hueso “volador” que marca el gran brinco de espacio-tiempo nos dicta también el que yo podría sugerir como el segundo nacimiento, que se concentra exactamente en el nacimiento de las necesidades mundanas que sufren una suerte de evolución simultánea a la del hombre.

El tercero, aunque no cronológicamente bien acomodado en esta interpretación, es el nacimiento de la nueva especie: HAL 9000, quien a imagen y semejanza del hombre, un buen día toma entre sus “manos” un objeto, lo complejiza mentalmente como su herramienta y no pasa mucho tiempo antes de que decida ponerlo a la orden de sus prioridades, renegando incluso de su propio creador.

El cuarto es la más grande de todas escenas, pero no el último que merece nuestra atención: el nacimiento del hombre en el espacio. Sencillamente, un frío recordatorio de lo poco que sabemos de nuestros alrededores y también de nuestros interiores, un poco existencialista si consideramos lo mínimo que conocemos del origen en concreto de la vida en este planeta, y que aun así nos esforzamos por encontrar y explicar una nueva.

Finalmente el quinto, donde la vida misma de seres extraterrestres se cuestiona, deja entrever el nacimiento de una cultura compartida con otra forma inteligente de existencia, una convivencia que no estamos seguros de como será o como fue (desde la perspectiva del filme) pero que estamos seguros dio o dará, según el caso, origen a algo tan cuestionablemente sublime, que es imposible de resumir.

Kubrick logra este ejercicio y pone en perspectiva, también, la vida mas allá de nuestras fronteras naturales. Condiciona la existencia misma de estas entidades, que Hollywood nos ha dibujado como ojones y delgados, a la experiencia emanada de un método científico de comprobación (como quien dice: ver para creer), pero contradictoriamente argumenta que de la misma manera que ellos, nosotros mismos nos hemos empeñado en crear otras formas de vida. HAL es muestra de esto, la simpática maquinita que canta Daisy Bell, no es más que el producto de la humanización interminable que queremos darle a las cosas, generar fórmulas matemáticas tan absurdamente complejas que finalmente encontremos tanto caos como el que el hombre mismo contiene en sus trillones de enlaces neuronales, todo para averiguar, hasta las ultimas consecuencias (a costa de muchos David Bowmans), si existe algo mas allá afuera.

Por otra parte, tenemos este enorme sentimiento de soledad compartido con el resto de la humanidad. Aburrimiento por nuestros compañeros de especie; decepción y hasta algo de odio por otros seres que actúan tan complejamente errados (incluyéndonos), que la decisión mas fácil seria salir a buscar algo más, algo que espera por mí y por nosotros, una nueva percepción del mismo espacio que habitamos. No obstante, no estaría de más tener siempre un dejo de escepticismo en "misiones" de este tipo; habrá que preguntar siempre al número 9000, aunque éste tenga información privilegiada, también habrá que cerciorarse de cuáles son las prioridades e intentar interpretar qué nos responderá aquel, como si fuera la nueva especie que un día fuimos también.

A palabra expresa del director, esta cinta es para cualquier clase de interpretación. Quizá no hallemos una respuesta certera de qué quiso decir con tal o cual, pero siempre es bueno poner en perspectiva (sabiendo que la mía puede ser de las más equivocadas) lo que cada objeto, movimiento o acción simboliza en nuestro interior y tratar de externarlo hacia los demás. Sólo me restaría preguntar al querido lector: ¿es tanta la soledad en este planeta como para inventarnos una forma de vida nueva o salir a buscarla?

 

13.11.13

Ivan Novelo


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