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¿Actuamos cómo caballeros o cómo lo que somos?

por Daniel Valdez Puertos

 

Después de una larga espera, la Galería de Cineteca Nacional por fin inaugura la prometida exposición sobre el humor en el cine mexicano. Desde agosto de 2015, en que la Galería abrió por primera vez sus puertas al público con la exposición metatemática sobre la misma Cineteca Nacional, este espacio ahora se refresca con la mirada analítica, histórica, crítica y cómica de ¿Actuamos cómo caballeros o cómo lo que somos? que pasa revista a la expresión del humor en el cine mexicano.

Merece destacarse que un tema de esta magnitud implicaba una seria investigación. Sin lugar a dudas el reto fue cumplido con creces, gracias a la dirección curatorial de Rafael Barajas “El fisgón” y todo el equipo de investigación con el que cuenta la Cineteca.

La exposición se estructura a partir de varios núcleos subtemáticos que se articulan bajo un criterio cronológico. En ese sentido adquiere un carácter pedagógico que se agradece, pues es bien cierto que el tema se presta para conocer el desarrolló de una expresión universal, como es lo humorístico, a través de la historia del cine mexicano.

De manera introductoria, la exposición nos recibe con acertadas referencias hacia sor Juana Inés de la Cruz y Juan Ruíz de Alarcón, emblemáticos escritores de la Nueva España que incursionaron en el registro dramatúrgico de la farsa. Así como el señalar que las representaciones teatrales de la pastorela fueron los escenarios donde se podía, pese a sus propósitos de amalgamiento ideologizante y solemne, destilar humorismo. Luego se nos refiere al género de la zarzuela y el género chico, así como el surgimiento del primer clown nacional documentado.

Rafael Barajas "El fisgón"

La narrativa de la exposición es coherente, perfectamente bien documentada. Y es que no podía ser de otra manera. La misma historia de la sociedad y el cine dicta por fuerza propia los estadios del cómo se debía abordar. Así es que se nos presentan los arquetipos: “el payo de rancho, el peladito dislálico, el lépero, el lagartijo, el hijo de papi, el pachuco, el inmigrante transculturado y la mujer broncuda”.[1]

Existen núcleos biográficos, como el dedicado a Cantinflas, donde es posible apreciar una prenda original de su vestimenta, al igual que con Tin Tán, donde se exhibe un zoot suit del mismo Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés Castillo. También es posible apreciar núcleos monográficos: el humor negro, humor surrealista, el humor político, la sexy comedia, la comicidad en la televisión y el humor en el cine mexicano contemporáneo.

César Costa, co-curador

Compuesta por casi 800 piezas, entre fotografías, carteles, caricaturas, videos y objetos personales, distribuidos en los tres pisos de la Galería, y con una buena cantidad de información a pared ¿Actuamos cómo caballeros o cómo lo que somos? es una excelente muestra museística que cumple a cabalidad su cometido: representar el humor en el cine mexicano, de manera muy formal y seria. Pues rinde homenaje a las personas que con su entrega y dedicación tenían como precepto hacer reír, empresa que no es en absoluto cosa sencilla, e invita a la reflexión de forma más crítica.

De principio, el título de la exposición contiene cierta connotación susceptible de malinterpretarse. Conforme a lo que el boletín refiere, el título proviene de “una frase que es utilizada en al menos dos películas claves de nuestro cine, Mi campeón (Chano Urueta, 1952) con Joaquín Pardavé, y El patrullero 777 (Miguel M. Delgado, 1978), estelarizada por Mario Moreno 'Cantinflas'.”[2] 

El Chano Urueta y la película de El patrullero 777 no creo que sean las mejores fuentes para poner un título que convoca al relajamiento de una actitud que apela a las formas, modos o conductas del ser mexicano (hombre). Disculpe lector si me pongo sensible con los temas tan controversiales sobre la discusión de género, pero acaso ¿no es poco atinado incluir en el titulo la frase cuyo núcleo semántico sea caballeros? Y en todo caso ¿cómo somos? Somos perversos y polimorfos, afirma Freud. ¿Somos chistosos, de doble moral, sujetos que tienden a banalizar las condiciones de nuestra miseria y hacer de eso una parodia? En efecto, eso es un estigma cultural desde que se nos ha creído pensar que el mexicano se mofa hasta de la propia muerte.

Muchos de los resortes del humor en el cine mexicano son sexistas, con mayor ahínco en la sexy comedia. Pero el asunto adquiere matices de mayor profundidad cuando se cree que el humor nos otorga una dimensión identitaria y nacionalista, discursos que se debe abordar con extrema cautela hoy en día. Cuando una exposición intenta empuñar la idea jocosa de que el cine y el humor nos representa como ser se está cayendo en imbricados vericuetos filosóficos. Desde luego la exposición, como dije, tiene más propósitos didácticos, que cualquier disertación sobre esos niveles. O eso quiero creer. Desde luego pudo haber sido de otra manera, pero no fue así. No está en la agenda de Cineteca profundizar mediante exposiciones. Lo que hace desviarme a una discusión más polémica es una situación que está ocurriendo en varios sectores de la cultura y la libre expresión hoy en este México 2016.

¿Actuamos cómo caballeros o cómo lo que somos? Pues como lo que somos. Esta revista, que se produce para internet, es de crítica y le gusta mucho espiar las exposiciones de museo. Un día antes de que se inaugura esta exposición en Cineteca, se inauguró también Estado civil: Humorista, en el Centro Cultural del México Contemporáneo, una excelente muestra sobre la caricatura mexicana, curada por Edith Leija, de caricaturistas alternativos y otros con amplia trayectoria.

Queremos decir que ese 17 de marzo, día del Internet celebrado en varios países de Latinoamérica, el presidente Enrique Peña Nieto se reunió con varios líderes de opinión o influencers de diversas plataformas para charlar amistosamente; y que la última pregunta que se hizo fue por voz de Sofía Niño de Rivera, una comediante youtuber que tiene varios seguidores. Aunque la pregunta que le formuló la comediante, y su crónica a posteriori, son de sutil crítica, nos hace sospechar mucho más. Pues asimismo, alrededor de estos días el presidente también impulsó la reforma constitucional para legalizar el matrimonio igualitario en todo el país. Y para descartar paranoias conspiratorias, no hay más que citar lo que el ejecutivo declaró hace unos días para La Jornada:

(Las redes sociales) han tenido impacto, sin duda, en el humor, porque obviamente hay expresiones de todo tipo. Libres. En México no hay censura de ningún tipo. Las redes han impreso, sin duda, un cambio al sentir social, al humor social, a las formas de expresión.[3] 

Por lo que toda esta serie de casualidades nos hace pensar que hay un programa de buenhumoramiento enfocado a los sectores más críticos de la Ciudad de México, donde el temperamento de crítica y conciencia social están por encima de los 100 grados centígrados. Es decir, la comunidad LGBTTI, los que asisten a los museos, los caricaturistas, los internautas, twitteros, youtubers y bloggers, en donde la libre expresión atesta contra el gobierno, ebulle; entonces el consejo presidencial piensa que es ahí donde hay que hacer cosquillas como deferencias caballerosas propinadas por el Estado Mayor, de buena onda, humorísticamente. Hacerles pensar que hay libre expresión, pues según siempre la hubo. No hay asesinatos a periodistas. Para nada. Estamos mejor que nunca, riéndonos, y hay que festejarlo. Hasta Anish Kapoor en el MUAC tendremos. Y es que Jorge Portilla ya lo había dicho en su magníifico tratado sobre Fenomenología del relajo (Era, 1966), y que viene a mandíbula batiente y nunca más oportuno:

Tal vez pueda interpretarse la risa como una forma de conciencia que, aludiendo a esa degradación, al propio tiempo afirmaría el carácter “local”, limitado de la degradación misma, haciendo surgir con ello el sentimiento placentero de estar a salvo tanto la conciencia del que ríe como la totalidad del mundo de lo valioso; la risa sería, así, como la emoción de la libertad frente a la degradación posible y como el sentimiento placentero de la estabilidad “última” del mundo del valor amenazado. [4]

Es decir, se desvalorizan las circunstancias reales del mundo que nos rodea al desolemnizar mediante la invitación a la risa, al escarnio de los valores (en este caso posturas críticas sobre la realidad política y económica que padece el país, más allá de las circunstancias globales), para sentir una idea de libertad y placer, libertad de expresión e ideológica, que se respira a sus anchas en internet, en el cine, en los museos, en las expresiones de la comunidad LGBTTI. Por lo que ¿Actuamos cómo caballeros o cómo lo que somos? se inaugura de manera coyuntural para un programa muy chistoso para amainar las aguas que hierven desde estas audiencias. Esto no es nada nuevo. El Güasón mata con la risa. El arquetipo del Güasón sigue operando de forma estratégica desde las cópulas del poder en la maravillosamente rosa y risueña Ciudad de México. 

24.05.16


[1] Rafael Barajas. Cédula introductoria de la exposición en cuestión.

[2] Boletín de prensa sobre la exposición referida.

[3] Peña atribuye el mal humor de los mexicanos en parte a las redes sociales, en una entrevista con La Jornada http://www.sinembargo.mx/23-05-2016/1663674

[4] Jorge Portilla, Fenomenología del relajo, FCE, México, 1966, p. 47.

Daniel Valdez Puertos


@Tuittiritero

Textoservidor. Lic. en Técnicas de la alusión con especialidad en Historia de lo no verídico. UNAM generación XY. Editor en Jefe y cofundador de la revista F.I.L.M.E. Fabricante de words, Times New Roman, 12 puntos. Es....ver perfil

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