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Matilda, referencia no acreditada de StrangerThings

por Jordi Agüero Herrera

 

Un propósito fundamental de la popular serie de Netflix, Stranger Things (2016, 2017) es llenar a los espectadores con referencias, ya sean directas o indirectas, a productos mediáticos del ayer. Películas como Los cazafantasmas (Ghost Busters, Reitman, 1984); videojuegos como Dig Dug (1982); bandas musicales como The Clash; incluso juegos de mesa como Dungeons and Dragons (1972) son aristas importantes en el desarrollo de esta trama con tapiz nostálgico.

Sin embargo, esta serie me evoca a una película es específico; me es imposible dejar de pensar que he visto al personaje protagónico “Eleven” en otra parte. ¿Una niña con poderes telequinéticos, problemas de maltrato y un fuerte resentimiento hacia las figuras adultas? ¡Sí, sí! Matilda (DeVito, 1996) ya anduvo en esas, y ¿hay algún motivo mejor que el éxito contemporáneo de Stranger Things para desempolvar aquel viejo VHS y hablar de la “Eleven”?

Matilda es una adaptación de la novela homónima de Roal Dahl en 1988. Narra las aventuras de Matilda Wormwood, una niña de 6 años y medio, quien tiene una inteligencia e ingenio envidiables, haciéndola incapaz de convivir con su familia superficial y representante de todos los pecados capitales. Su intelecto no sólo le hará ganar el repudio de su familia, sino de otros adultos como Agatha Tronchatoro, directora del colegio en el que Matilda estudia. Los únicos aliados de nuestra protagonista son sus compañeros de clase y la profesora Jennifer Miel, quienes la ayudarán a superar las adversidades enfrentadas en plena infancia.

El elemento sustancioso de esta historia, además de ser el núcleo de este análisis, es que Matilda desarrolla telequinesis, es decir, el poder para manipular objetos sin ningún medio físico. Así es, tal como lo hace “Eleven”, sólo que Matilda no fue el resultado de un experimento científico, y la única razón aparente de su peculiaridad es que es una niña súperdotada. Es una suposición, pues la película no explica en absoluto el origen de sus poderes, aunque en realidad eso no importa mucho porque su telequinesis simboliza algo mucho más profundo e intangible: el deseo de los infantes por defender lo indefendible, por controlar su entorno en un mundo controlado por adultos.

Es notable que Matilda utiliza sus poderes para superar trabas impuestas por personas mayores, o simplemente para humillarlos. Los usa para cerrarle la puerta a su padre en la cara cuando este quiere castigarla; cerrarle la boca a su hermano (literalmente) con una zanahoria; lanzarle una salamandra a la directora Tronchatoro y, más tarde, torturarla psicológicamente para correrla del pueblo. ¿Acaso no es parecido a todos aquellos momentos de nuestros días tempranos en los que queríamos que una fuerza sobre natural nos sacara de nuestros problemas?

Tal vez, en algún momento deseamos ganar la habilidad de volar o hacernos invisibles para huir de algún regaño de nuestros padres. Tal vez deseamos tener súper fuerza para no permitir los castigos físicos, o tal vez deseábamos tener la habilidad de aparecer a nuestros padres cada vez que nos sintiéramos apartados de ellos. Así como Matilda podía mover las cosas a su atojo para lidiar con estas situaciones, los infantes cuentan con su imaginación para escapar de los problemas de la vida.

No obstante, la película reflexiona el papel de los adultos en la vida de un pequeño, pues si bien son representados como abusadores, nos damos cuenta de que Matilda no es capaz de salir adelante sin el apoyo de un adulto como tal. Esto se puede confirmar en la escena en la que Matilda es encerrada en “el agujero”, aquel armario de 1.5x1.5 cuya puerta tiene clavos salidos y es donde Tronchatoro castiga a los pequeños, aislándolos de sus compañeros. La señorita Miel corre a rescatarla, y se convierte en la salvación para la pequeña fenómeno contra un mundo de ignorancia y malos tratos.

Este es un mensaje contundente rescatado del filme: los niños por más inteligentes, puros e imaginativos, son un sector vulnerable que dependen sí o sí del  adulto. Su vida está en nuestras manos, y aunque Matilda tenga todos los poderes telequinéticos que hay, no se encuentra segura hasta ser adoptada por la Señorita Miel, Mientras tanto, hay niños que imaginan, desean y sueñan,; pero que son golpeados, son abandonados y son abusados. Matilda no es una película sobre la independencia intelectual de una niña, sino de la responsabilidad adulta alrededor de ella.

Es curioso que la telequinesis representa lo mismo para el caso de “Eleven” en Stranger Things: un método de resistencia y escape ante el abandono y maltrato de los adultos del “Laboratorio Hawkins”, y claro, como un berrinche ante las prohibiciones del jefe Jim Hopper. Matilda se convierte en una referencia no acreditada entre la enorme masa de referencias de la serie, y nos ayuda a darle un enfoque del que casi no se ha hablado en cuanto a la representación infantil,  yendo más allá de la ciencia ficción y la nostalgia ochentera.

 

22.11.17

 

Jordi Agüero


Periodista en potencia por el día, y músico en cadencia por la noche. Entusiasta por los géneros de opinión, y por opinar de géneros televisivos, cinematográficos y musicales. Actualmente estudia en la UNAM para opinar, y trabaja como músico profesional para que opinen. Es conocedor de Los Beatles, Mafalda, Kubr....ver perfil
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