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Hola, me llamo Iván y no lloré con Coco

 

En respuesta a Coco un manifiesto para contrarrestar la hostilidad en que se traducen los conflictos entre naciones tan diferentes.

por Iván Novelo

 

Hace unos días, mientras me encontraba en mis actividades diarias normales, una buena amiga montevideana compartió conmigo la nota de Guilherme de Alencar Pinto, que dibujaba una crítica de la película Coco (Lee Unkrich & Adrian Molina, E.E.U.U., 2017). Está de más mencionar la emotiva recepción del público (incluyéndole) con la que fue recibida la película: personas llorando, aplausos para el proyeccionista al final del filme y un largo “México lindo y querido”. Sin embargo, juzgando la formalidad con la que en el lenguaje se conduce la crítica, como “buen mexicano”, me permito hacer algunas anotaciones sobre el texto, que si bien es bastante acertado, también se muestra disminuido por simples cuestiones de identidad.

A primera vista, todo está en orden. Una vieja rencilla que existe entre nuestro no muy querido vecino del norte y los mexicanos que nos negamos (más por impulso que por deseo consciente) a unirnos a su arrolladora contracultura de consumo. Coco está ahí en medio, entre de un presidente Trump que promete no dejarnos entrar, pero que tiene 36 millones de personas de ascendencia mexicana en su territorio… el paso era obvio, todos ellos querían ver una película de México, no una de latinos reconectándose con sus raíces (existe la sensación de que en realidad nunca han estado ausentes, quizá por eso la idea de película se transformó en tales formas) pero claro, es Pixar, tiene que ser al “gringo style” y es aquí donde todo empieza a ir en declive.

Cuando tuve la oportunidad de ver Coco en una sala de cine, me sentí muy confundido, es una excelente producción audiovisual, el imaginativo de la gente de Pixar es sin duda casi interminable, la interpretación de la tierra de los muertos, el Mictlán, es de las más coloridas que he tenido oportunidad de apreciar, pero no la mejor. ¿Se parece a Guanajuato? Sí, y de hecho no dudo que lo sea, hay una fuerte apreciación de los espacios, pero después nos dan un duro revés con la música. Nunca había visto un cliché alimentado y aplaudido de una manera tan cínica, atroz y voraz, según la lógica de Disney, todos queremos ser mariachis, en la radio ponemos mariachi y admiramos a los mariachis. Esto, queridos, no puede distar más de la realidad. Faltó por parte del equipo de Pixar una voz crítica, no es casualidad que el considerado segundo himno nacional sea el “Huapango de Moncayo” y no “El mariachi loco”,[1] solo hace falta ir a la conocida plataforma de videos en internet y buscar huapango, corrido, chilena oaxaqueña, son jarocho o xochipitzahuatl, para darse cuenta de que la riqueza audiovisual de la cinta pudo ser más concluyente, fuerte e identitaria, con una musicalización medianamente más pensada. ¿No me cree usted? Tome su computadora escuche una de estas melodías e imagine la escena de la película con la que iría mejor.

Los personajes bien mexicanos, sí, pero los de siempre:  Magdalena Kalho (mejor conocida como Frida), de ascendencia alemana que ahora hasta está al reverso de un billete mexicano con su tórrido amante en vida, Diego Rivera (que también está en la película) al frente –que sustituyó en en dicho vehículo monetario a unos simpáticos cadetes que sólo defendieron el castillo de Chapultepec durante una intervención estadounidense, de la que nadie recuerda casi nada–. Pedro infante y Jorge Negrete, que los veíamos en todas y cada una de las películas de la época de oro del cine mexicano, películas que pasan todos los domingos por la mañana en un conocido canal de la televisora oficialista del país, que a veces parecen repetir hasta 4 o 5 veces por año. El Santo, conocido luchador hidalguense, que hizo de su máscara, más que una leyenda del ring, una marca registrada, aunque se olvidaron de que el tenia también a su archienemigo, Blue Demon, con quien además protagonizo películas que hoy en día han sido catalogadas como surrealistas –sin olvidar sus aventuras softporn con unas sensuales invasoras del espacio y vampiresas que tenían muy poca ropa–. A la larga lista de personajes aparecidos se suman muchos más: Agustín Lara, Dolores del Rio, Cantinflas, María Felix y Emiliano Zapata, este último, uno de los dos caudillos de la revolución mexicana, el de la insurrección del sur, y el otro es el gran ausente: Pancho Villa, que al igual que los cadetes de Chapultepec, los gringos quisieran desaparecer de la historia con justa razón si uno recuerda en los anales de la historia el ataque a Colombus en 1916, que ha sido considerada como la única intervención externa a territorio norteamericano.

No me sorprende en lo más mínimo que nadie haya hecho mayor alboroto por la forma en la que se representa a los pueblos de México y este comentario es específico para el autor de la crítica a la que respondo: no, no son los 70 ni los 80 ni los 90, así son los pueblos donde actualmente se vive, sin más, es completamente fidedigna la representación, cuando tenga oportunidad le invito unos esquites en alguno de ellos.

El día de muertos en México, a manera de conclusión, tiene dos grandes características que parecen ser difíciles de entender para el resto del mundo:

1.         No es un tema difícil, Coco no es una película que sensibiliza para la muerte, ni que haga un tratamiento especial de ésta, ni que se la explique a los menores. No, aquí al menos, a los niños les encanta pensar en ella, uno puede ver calaveras por todos lados, de colores, hechas con azúcar para después comérselas, de chocolate, de amaranto, de cacahuate, en paletas, en logotipos, en playeras y un largo etcétera. El creador de la catrina, José Guadalupe Posada, debe estar muy “contento” en la tierra de los muertos, la sencilla crítica que representa un indígena muerto de hambre (en los huesos) tratando de imitar a los europeos, se convirtió en toda una iconografía de la mexicanidad.

2.         Aunque no encaje en el dogma actual, el Día de muertos es una fiesta completamente religiosa, de adoración al dios Mictlantecuhtli y, aunque nos sintamos más solidarios con Jesús entre ladrones (como Mario Benedetti), no podemos descalificar la cosmogónica prehispánica que también rodea esta festividad, pero ese es tema de otro momento.

 

31.03.18


[1] Quizá el tercero, ya que oficialmente (y en el imaginario popular) el segundo himno es “La marcha de Zacatecas”. N. del editor.

Ivan Novelo


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