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Song to Song

por Jeremy Ocelotl

 

A medio camino entre Deberás Amar (To the Wonder, 2013) y Knight of Cups (2015) el más reciente largometraje de Terrence Malick, Song to Song (2017), seguirá dividiendo a sus seguidores y a la crítica. No obstante que el filme no se estrenó en salas en nuestro país (pero se puede encontrar ya en los servicios de streaming), se antoja más accesible que estos dos anteriores.

El relato de dos triángulos amorosos formados por el músico BV (Ryan Gosling), la bella asistente/música Faye (Rooney Mara etérea), el productor muscial Cook (Michael Fassbender) y la mesera Rhonda (Natalie Portman en rubia), poco hace por distanciarse de la fragmentada y reiterativa estética que el director de La delgada línea roja (1998) escogiera como estandarte visual desde El Árbol de la Vida (2011). Pero esta vez se beneficia del entramado de la película, sencillo a todas luces, donde a pesar del vaivén de los personajes, encuentros y desencuentros entre los mismos, monólogos en off y planos en nadir, las acciones dentro de la pantalla quedan claras, algo que no sucedía con su anterior obra.

Uno de los grandes y primeros aciertos del filme es hacer uso de la presencia de Rooney Mara, cuya frescura sirve como epicentro del filme. Alrededor de su personaje se dan todas las acciones, ya sea como objeto de deseo de hombres o mujeres o como causa de los (des)encuentros amorosos, además de pasar por un viaje de (auto)(re)descubrimiento. Todo mientras los diferentes romances entre los personajes principales y los secundarios (encarnados por Berenice Marlohe y Cate Blanchett) se van suscitando.

Con la escena musical de Austin,Texas como telón de fondo (utilizada por Malick de manera más bien subversiva), apenas si escuchamos cantar a los personajes principales, Faye y BV, porque el director parece más interesado en retratar el “tras bambalinas” de los festivales musicales y la manera en cómo todo este ajetreo, este constante vaivén los afecta. Malick aprovecha a músicos realies como los Red Hot Chilli Peppers, Iggy Pop, Patti Smith y Lykke Li en cameos extendidos, mostrando de alguna manera la vida interna de los músicos, sus "filosofías" y experiencias de vida, más allá de su música en concreto.

Dicha situación aplica para los protagonistas, pues en algún momento Faye dice que van de canción en canción y beso en beso. Es precisamente la fugacidad de los instantes, de los besos, los abrazos, las miradas, las peleas, los encuentros y desencuentros, todo en una memoria fragmentada, lo que va dando forma al discurso narrativo. Una fiesta en una lujosa casa, unas vacaciones en México, charlas en el backstage de un concierto, sexo, comidas… fotografiados hermosamente por Emmanuel Lubezki, van dando forma a este collage mientras los personajes construyen su propia balada de (des)amor.

Además de esto encontramos disertaciones sobre el ennui, el hastío de la clase media alta, y el casi sinsentido de su existencia (expuesto gracias a los ya típicos monólogos internos malickianos), que acercan al filme a las regiones discursivas del Antonioni de los 60. Por esto la casi insoportable belleza de su cuarteto principal (y de cada una de sus locaciones) no se siente como un capricho ni como una reproducción de la estética de "comercial de perfume"; los elementos generan una disonancia cognitiva ante la tristeza y pesadumbre que contienen, ese notorio ensimismamiento de cada uno de los personajes a cuadro, que se contrapone a la belleza de las imágenes en pantalla.

Por supuesto, siendo una película netamente malickiana, esta pieza funciona durante su duración en dos niveles que se entrelazan: por un lado, la historia de amor de un hombre y una mujer (una gran parte de la filmografía de Terrence Malick sigue esta directriz) que deberán sortear los obstáculos; por otro, la penitencia y el perdón de Dios para poder estar juntos.

Song to Song es uno de los filmes más cristianos de Malick, sin que los personajes enuncien constantemente la tradición judeocristiana, la ideología se hace tan o más presente que cuando Javier Bardem la vociferaba en Deberás Amar. Las mujeres realizan penitencia, se arrepienten, los hombres consiguen la felicidad solo al lado de la mujer adecuada, y esto solo llegará regresando a una vida más sencilla, lejos del decadente ruido del espectáculo y sus tentaciones, para que juntos puedan retornar a ese paraíso que el creador les ha dado. 

Song to Song es terriblemente moderna en su ejecución, pero igualmente conservadora en su discurso de un amor que solo puede existir entre un hombre y una mujer (ojo con el desenlace de la única relación homosexual) alejados de las tentaciones del espectáculo y la fama. Hay algo poético e ingenuo en la romantización que de estos tópicos hace Malick, no obstante el discurso se mantiene fiel y honesto ante sus convicciones.

 

14.12.17

Jeremy Ocelotl


Yo, como Cecilia en la Rosa Púrpura del Cairo, voy al cine y termino teniendo romances con los personajes. Comunicólogo por la UNAM, crítico matriculado en la escuela de la autodidaccia.....ver perfil
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