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En el mar, la vida es más sabrosa: Steve Zissou

 

por Julio César Durán

Que una concha nos sirva de abrigo,

con música de brisas y adornos de coral.

Y al vaivén de las olas tranquilas

los peces de colores nos lleven a pasear…

La Sonora Matancera

 

Hay quienes han soñado alguna vez con poder respirar bajo el agua y ser parte del mundo marino. Este, como cualquier otro sueño que posea una fuerza tremenda, seguro llevará al soñador hasta el límite de sus capacidades para poder acercarse lo más posible a cumplirlo.

La recargada y ostentosa mirada de Wes Anderson se detiene a cada paso en contarnos historias sobre personajes megalómanos, que no importando a cuántas trabas se enfrenten, seguirán hasta el final para terminar la empresa que se han propuesto. Steve Zissou es uno de los consentidos del cinéfilo que escribe esto, entre otras razones, porque su aventura es total: el reparto, el diseño de producción, el argumento, los escenarios, el soundtrack, absolutamente todo lo que está contando su historia está calibrado. El contrapunto de esta parafernalia es que maneja sentimientos cotidianos, palpables, vertidos en conflictos que le ocurren al más simple de los mortales

La historia sobre el famoso oceanógrafo y documentalista Steve Zissou (obvia referencia a Jacques Costeau), es el punto medular de la película, quien después de una aventura trágica donde su compañero y mejor amigo, Esteban, acaba de morir, emprenderá un gran viaje para encontrar al misterioso Tiburón Jaguar –el asesino de Esteban– y acabar con él. Obviamente, dicho viaje será más complicado de lo que el numeroso coro de personajes cree.

La vida acuática con Steve Zissou (The Life Aquatic with Steve Zissou, E.E. U.U., 2004) es todo lo que se podría esperar en un película de Wes Anderson. ¿Cine autoral? Quizá los ingredientes la convierten en ello: es un filme tan particular por lo barroco y una estructura narrativa convencional que da forma a un contenido intenso; montaje inteligente que juega con la viscera del espectador para llevarlo hasta lo emotivo; el aderezo es el desarrollo entre dos ambientes inesperados, la creación documental y el mundo marítimo… escenarios estimulantes.

El conjunto de actores es caprichoso, casi ornamental. Pocos realizadores contemporáneos pueden darse el lujo de dirigir a Anjelica Houston y Bill Murray a la vez, además de tener a Willem Defoe, Cate Blanchett, Jeff Goldblum, Owen Wilson, Michael Gambon  en la misma película. Todos ellos forman parte de un enorme fresco que Anderson compone a lo largo del filme. La “pintura” está llena de color, los fuertes trazos (súbitos movimientos de cámara) rompen con la teatralidad y sus diálogos ocurrentes son el acabado que liga el ojo del cineasta con el público: logra crear una empatía hacia los personajes gracias a la manera en que los perfila y los delimita. Todos ellos tienen una personalidad fina por redonda, asombrosa por visceral y entrañable por lo imperfectas que son. Eficaces todas ellas para moverse en estos mundos elaborados que le fascinan al realizador texano.

Wes Anderson es un cineasta que sabe muy bien lo que quiere y cómo desea verlo. Sea en una producción más pequeña como Rushmore (1998) o en ésta, que es una superproducción con miles de decorados y locaciones, él produce una película estilizada, coreografiada en cada aspecto que posee.

Tomemos también en cuenta que tiene a su lado gente como Mark Mothersbaugh componiendo un score de música electrónica bastante peculiar; a Seu Jorge acomodando las atmósferas con sus interpretaciones de Bowie, a manera de banda sonora; o al mago del stop motion que es Henry Selick (The Nightmare Before Christmas, 1993), encargado de realizar todas las animaciones de la película, dando vida a la multitud de creaturas submarinas –sea un Hipocampo Arcoíris, una tortuga de exploración o el bello Tiburón Jaguar que aparece al final de la cinta–, nos damos cuenta de que este es un filme calibrado para emocionar.

En La vida acuática, al igual que en el resto de las películas de Wes Anderson, nos vemos inmersos –literalmente– en ese océano de decorados, encuadres exquisitos, diálogos elaborados, música pop, que terminan por ser un objeto increíblemente artificial y fabricado, pero que resulta en un soporte para las emociones y sentimientos que el argumento transmite a través del conflicto entre los personajes y el mundo que los envuelve. A final de cuentas, aquellos sentimientos se convierten en algo verosímil, al igual que las relaciones entre los protagonistas, sus encuentros y desencuentros, y por supuesto sus búsquedas (sentimentales), que son el motor del filme.

El encanto de la filmografía del realizador se basa, precisamente, en dotar de verosimilitud al universo que está creando, sea una familia de jóvenes superdotados como en Los Excéntricos Tenembaum (The Royal Tenenbaums, 2001) o un trío de hermanos en picada como en Viaje a Darjeeling (The Darjeeling Limited, 2007), el humor y las intensas tonalidades de los protagonistas mantienen una lógica que atrapa al espectador y que no lo suelta hasta acabados los créditos. Por otro lado, el argumento desarrollado de la mano con Noah Baumbach traduce las inquietudes eternas de familias rotas que Anderson exprimirá en su cine (cfr. la crítica a Moonrise Kingdom).

De entre todas, la aventura marina de Wes Anderson fue un objeto de obsesión, mismo que tardó en cuajar casi 14 años según sus declaraciones, y que soñaba –seguramente igual que el joven Ned dentro del filme– con realizar como un gran homenaje al cine que él disfruta y también al océano.

Tal vez sea por eso que la película misma se rehúsa a terminar. El cineasta alarga deliberadamente todo lo posible el final del filme. Zissou entre un apabullante éxito de su documental terminado en un Festival de Cine –donde escuchamos a Bowie de fondo y un ralentí–, más adelante una larga despedida de todos los personajes –ya redimidos–  con sus respectivos créditos, luego los agradecimientos, entre ellos claro está a la Sociedad Costeau (que se comenta, no participó en la película) y para terminar, no podía faltar una emocionante ejecución en primer plano de Seu Jorge con su guitarra, a quien tuvimos la fortuna de ver y escuchar durante toda la cinta con interpretaciones de canciones del camaleón británico.

 

25.02.20

Julio César Durán


@Jools_Duran
Filósofo, esteta, investigador e intento de cineasta. Después de estudiar filosofía y cine, y vagar de manera "ilegal" por el mundo, decide regresar a México-Tenochtitlan (su ciudad natal), para ofrecer sus servicios en las....ver perfil
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